TERMINAL MARITIMA INFERNAL
LOS MOCHIS, SINALOA.- Son las nueve de la noche y entra en la rada el Baja Ferries, La Paz, la sala de espera está repleta de viajeros, por la temporada grande de vacaciones, el calor es sofocante e irritante, los niños, las mujeres y los ancianos (no nos contamos), son los que más sufren las consecuencias, aquello era, menos un grado, un autêntico Infierno de Gante, todo mundo, con lo que tenía a la mano, se hacía aire, la sala era un olla de vapor, en tanto que las oficinas de los empleados, gozan de un excelente aire acondicionado, para de esta manera, brindar un “buen” servicio a los paseantes, quienes deben soportar, como parte de la aventura, la alta y asfixiante temperatura de la sala, donde no pasa ni una triste brisa de aire de la bahía.
Cuando en compañía de la señora manchega llegamos al lugar, creyendo que era un lugar confortable ¡Josú!, como tapones de cognac, salimos disprados hacia lo patios donde se estacionan los “traileres” y carros que abordan, cada noche, el ferri (hasta nos acordamos con esta palabrita, del mêndigo del Ferríz), con rumbo a La Paz, puerto de ilusión, remanso de luz y amor, pero afuera, la temperatura ambiente, tambiên era alta, solo que el lloriquear de los niños no se escuchaba, ni la desesperación de la gente bañada en sudor y rabia, bebiendo agua a litros para no deshidratarse, en tanto que el negocio ahí establecido, todos los días hace su agosto, porque a ninguna autoridad le preocupa refrescar el lugar, para comodidad y dignidad de los visitantes.
De pronto, vimos a un empleado revisando unos papeles, nos fuimos directo a êl, cuales redentores sociales de oficio, preguntándole quien era el jefe administrativo y dónde se encontraba, contestándonos que de momento, dicha persona no estaba en su lugar de trabajo y que nada se podía hacer para mejor el clima de la sala, porque no contaba con instalaciones para ello, a excepción de las oficinas, incluída, claro está, la del susodicho jefe, quien anda por ahí “cumpliendo” con su trabajo, mientras el coraje e impotencia nuestra y de los pasajeros que nos acompañaban, crecía; luego quisimos hablar vía telefónica al periódico EL DEBATE, de Los Mochis, para que enviara un reportero y sacara una nota, pero nadie nos contestó, por lo que optamos por tampoco hablar a algún canal local de televisión, que seguros estamos, deben estar enterados de lo que sucede todos los días, en esa terminal del demonio. ¿Dinero de por medio?. “Qui lo sá”.
Por fin a las once de la noche, nos hicieron abordar el barco, bajo el clásico desmadre mexicano y cuando subimos a la cubierta de la proa, para tomar el aire y recuperarnos de la pesadilla pasada, nos pusimos a cabilar: Cuando inauguraron estas instalaciones, de seguro lo han de haber hecho con bombo y platillo los políticos bribones a un costo millonario, que les redituó pingues ganacias, olvidándose de instalar en la gran sala de espera, sistemas de aire acondicionado para comodidad de los pasajeros y ahora, pasada la campaña política, no hay dinero para maldita la cosa (no obstante la millonada que todos los días se genera) y el lugar no tiene para cuando brindar un ambiente confortable a todos los viajeros que, por la noche, viajan a La Paz, donde el buque zarpa a la una de la mañana y las luces del puerto del feo Topolobampo y su Maveri, poco a poco van languideciendo, al entrar el buque en mar abierto. Vale.







