TOREANDO BAJO LA LLUVIA

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En descarado bouyerismo, la luna, como esfera de papél, espiaba la intimidad de nuestra recámara nupcial, ibamos a cerrar la persiana, pero era hora de levantarse, optamos por hacerlo e iniciar nuestra marcha matutina, para no perder la figura gitana y no alterar el ritmo cardiaco; ya de regreso aquí nos tienen, pergeñando esta columna ebdomadaria, a la cual tenemos acotumbraos a las amables lectoras (es), amantes de la más bella de todas las fiestas, la fiesta brava, de la cual, algunos aficionados nos llaman teóricos, por no habernos enfundao nunca el traje de luces, cosa que no hicimos, porque nunca nos gustó ser toreros, pues  aparte del valor, que ese sí, simpre lo hemos tenido a raudales, se necesita parecerlo.

Sin embargo, allá en nuestras mocedades, también supimos ejecutar los tres tiempos de la suerte, recibir, templar y mandar, en el campo bravo zacatecano, donde tuvimos la enorme satisfacción de sentir pasar una vaquilla, incluídos lo revolcones, pisotones y moretones, que las mismas hacen, cuando no se demeña del todo la técnica, pero ya lo toreao quien nos lo quita y aquí nos tienen, teóricos o no, toreando en el papél, por más de 54 años 54, lo cual seguiremos haciendo, aplicando las experincias de nuestra vida taurina, hasta en tanto no de la orden de hacer el paseillo eterno, El Juez Todopoderoso. Sorri.

De alguna manera hay que llenar el espacio, porque en la vigésima corrida de la temporada grande, gracias a Tláloc, no hubo fiesta, por eso recordamos aquel musical de Brodway, Bailando bajo la lluvia, parafraseándolo como Toreando bajo la misma, porque ¡ah! cómo cayó agua en el Fistrito Federal y así no hay fiesta, pues si el encanto de las mujeres es er busto bien lucido ¡joder!, el encanto de la fiesta brava es el Sol, fuente de energía, de alegría, de esa alegría que anima al tendido y hace que, aunque efímeramente, la garganta, entre toro y toro, se refresque con una buena cerveza o una bebida fien fria. ¡Salú!.

En esta mojada tarde, los toros de Reyes Huerta, estuvieron… algo por encima de los toreros Humberto Flores, quien vistió de azul marino y oro, Marcial Herce, de canario y pasamaneria negra y Alberto Espinosa, El Cuate, de rosa y oro, coletas que, como las reses que les tocaron, demostraron inseguridad, dadas las condiciones del ruedo, hubo ¡sí!, instantes artísticos, pero no la faena garra, completa, contundente, que es la que da el triunfo, inclusive la gloria, desafortunadamente en esta tarde, gracias a la lluvia, no fue posible y los morlacos se fueron al destazadero, con las orejas en su lugar.

El cerrojazo será el próximo domingo 18 de marzo, con otro modesto cartel, en virtud de que estos artistas de los ruedos, tampoco torean, no les dan toro, ellos serán, por orden de antigüedad: Fabian Barba, Víctor Mora y Cristian Sánchez, con un encierro de Cuatro Caminos, donde nació aquél toro que hace algunos años, literalmente voló hasta er tendido de sombra, sembrando el pánico entre los aficionados, allí acomodados.

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