YA LO SABEMOS

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El laborioso gana su vida; el prezoso la roba. Focílides, poeta griego.

Tirando barra el domingo por la mañana, encontramos en los diarios cibernéticos, que según el prestigioso diario inglés The Economist, acaba de descubirir el hilo negro y los agujeros de las coladeras, aquí en este México, lindo y querido, a donde todos los migrantes desean regresar, una vez muertos en el extranjero, para que diciendo que están dormidos, los entierren acá, en su terruño, el cual dejaron por diferentres razones, llendo en busca de la vida como ellos dicen, pero sin conocer, por principio de cuentas, el idioma de la tierra a donde van y qué decir de su falta de cultura, que no de ganas de trabajar honradamente.

The Economist publica, al mundo y al universo, lo siguiente: Legisladores mexicanos, flojos y muy bien pagados. Claro que lo anterior nos causó risa, hilaridad, pues todos los mexicanos, desde hace mas de 80 años 80, sabemos que los legisladores mexicas, no se dedican a nada, aparte de cobrar puntualmente, sus dietas, comisiones y demás prebendas que da el poder, que son controladas por ellos mismos, rematando sus pillerias ¡coño!, cada fin de año, donde, conjuntamente con los señores “menistros” de la corte, dejan temblando las arcas nacionales, al tomar enormes cantidades de los dineros del pueblo, con el consabido pretexto de que ya todo está presupuestado y hay que gastarlo ¡joder!.

Que nuestros diputados y senadores son flojos, el verbo calificativo se queda corto, pues aparte son anodinos e irresponsables; todo buen ciudadadano que se precie de ser mexicano ¡olé!, lo sabe, lo sabe, es La Boa, perdón por el “lapsus”, de ahí la rebatinga cada 3 años 3 en los primeros y cada 6 años 6 de los segundos, por el hueso, que es lo único que les importa, tratando de hacerle creer al pueblo que se le está sirviendo, cuando en realidad se sirven de él, desde 1929 hasta la fecha, inmersos en la corrupción e impunidad que da er fuero, mientras los trabajadores de este país o si lo prefiere, la clase laboral mexicana, vive con salarios, aguinaldo y prestaciones de hambre, indignas de una nación que venera ese gran mito de la revolución mexicana, proceso histórico que a estas alturas del siglo XXI, resulta nugatorio.

Los editores de The Economist, no andan perdidos con sus notas informativas, solamente andan desorientados, necesitan que sus corresponsales en México, se acerquen mas al pueblo, a la indiada, a la prole, a la gleba, que en su conjunto forman la sociedad mexicana y no solamente se acerquen a los señores del poder político, económico o ambos, se llevarían la gran sorpresa, siendo la mayoria de ellas desagradables, pues seguros estamos que esos señores ingleses, con su flema, no saben que así como en Yucatán existió la Casta Divina, en la actualidad tenemos la Casta Dorada que nos gobierna, donde la cleptocracia, la corrupción y la impunidad, son el pan nuestro de cada día. Amén.

Mis queridos contlapaches o lectores y lectoras ¡pues!, como ya se está llegando la hora de los toros, lo mejor es aquí cortarle a estas líneas, un tanto desparpajadas pero que no dejan de tener cierto sentido, cuando menos para el que ésto escribe, aunque ratificamos: Lo publicado por The Economist…

YA LO SABEMOS.

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