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Luis Donaldo Colosio Murrieta

 

 

 

Eduardo Borunda.

Triste la fecha del 23 de marzo de 1994, día que muchos no saben que pasó en la tarde – noche en la fronteriza ciudad de Tijuana. El evento conmocionó al país. El atentado en contra del candidato presidencial del PRI había ocurrido en medio de una multitud de simpatizantes que hacían imposible el paso seguro de Luis Donaldo. La música se escuchaba a todo volumen y “La culebra” interpretada por la banda del recodo fueron las ultimas imágenes que quedaron grabadas en el recuerdo de una memoria que no olvida el artero asesinato.

El 4 de marzo de ese año pronunció un discurso del cual se distanciaba del presidente Carlos Salinas de Gortari. Un parteaguas obligado, marcar la raya. Eso no lo mató, sin embargo, su muerte nunca será esclarecida. Quedan aún dudas, preguntas sin responder, pero su legado sigue vigente. No es necesario ser priista para comprender el discurso de un hombre que amaba a México, la esperanza de un “México Nuevo” estaba presente. Por ello, hay responsabilidades que nunca se castigaron porque en el evento de Lomas Taurinas él fue “puesto”.

El ideario político no ha sido ampliamente difundido, “El cambio con rumbo y responsabilidad no puede esperar” eran palabras de un discurso que sin dudas cambiarían al país. Es necesario recuperar sus palabras y llevarlas al campo de la administración publica así como de la acción política. México perdió con Luis Donaldo Colosio un estadista y dejó en pausa esos cambios que se necesitaban y siguen necesitándose en nuestro país.

Las últimas palabras del candidato fueron “Un gobierno sensible a los reclamos y demandas de las comunidades”, en el mitin, queda en claro que buscaba “Un gobierno responsable”. Así cerraba su discurso y dejaba una tarea pendiente que no ha sido cumplida por ningún gobierno. Hoy queda en claro que hay un pendiente social que a 24 años sigue vigente. Los temas electorales tienen una agenda y aún se puede rescatar el reclamo social.

Seguimos viendo un “México con hambre y sed de justicia”. Los eventos trágicos de esa noche fatídica, lo delicado del tema recuerda que no nos puede volver a pasar como sociedad.  “Las balas de odio” como lo mencionaba en su discurso del 25 de marzo de 1994 Diana Laura Rojas viuda de Colosio, nos hacen entonces reflexionar que la sociedad requiere grandes hombres y contribuir a fortalecer nuestra democracia. El legado, reitero, no puede apagarse en sólo buenos deseos, es necesaria la acción. Buscar el cambio con un claro camino que permita a través de la cultura del esfuerzo lograr a la dar a la sociedad una mejor generación de hombres y mujeres.

En conclusión, Luis Donaldo Colosio dio su vida como patriota, no se autoinmoló, fue asesinado y su muerte no se olvida. Cada 23 de marzo se ponen guardias de honor, se recuerda esa masacre en la que los mexicanos tuvimos el dolor ajeno en carne propia. Los ojos llorosos de quienes nos identificamos con ese “México Nuevo” que prometía a través de la cultura del esfuerzo u mejor mañana hoy vemos con los mismos ojos que aún falta mucho por caminar porque seguimos viendo un México con hambre y sed de justicia social. Luis Donaldo ha muerto pero no sus ideario político, sólo falta rescatarlo para aplicarlo en las nuevas generaciones.

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