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HISTORIA DE UNA “45” QUE NO ALCANZÓ A DISPARAR

 

 

 

Por Emilio Gutiérrez de Alba

Cuando aquel 15 de agosto de 1981 vino y les impartió más que una clase, una muy interesante plática a los diaristas juarenses, Manuel Buendía Tellezgirón no vino solo. Venía, o más bien traía con él su “ángel guardián” en el que depositaba toda su confianza y salvaguarda.
Al anochecer de ese sábado, al término de su charla enfocada al género periodistico columna, con la misma premura con que había llegado de la ciudad de México se dispuso a regresar allá por la vía aérea.
Esta vez lo acompañaron al aeropuerto “Abraham González” los mismos diaristas que lo habián recibido por la mañana, a quienes se sumaron otros muy cercanos colaboradores, entre ellos la reportera y secretaria ejecutiva habilitada Mary Calva Harnández.
Cuenta que era notoria la forma en que el maestro aseguraba su portafolios de cubierta negra, sin soltarlo de su mano para nada.
Al momento que la comitiva se disponía a abordar la unidad que los trasladaría al aeropuerto, alguno de los compañeros periodistas se atrevió a preguntarle qué, aparte de lo que normalmente se guarda en portafolios, llevaba y cuidaba tanto.
Con cautela lo abrió y le vieron una “45”, de esas que los reporteros de nota roja llaman ”pavorosas”.
Ante la reacción de sorpresa de algunos de los chicos de la prensa, les confió que había recibido amenazas.
Que indudablemente había pisado varios callos por ahí, periodísticamente hablando, y a lo único que aspiraba era que, si le iban a quitar la vida, tuviera oportunidad de defenderse, de llevarse a dos que tres por delante.
A la vista de aquella 45, agregó: “Lo más triste sería que, si las amenazas van en serio, ni tiempo voy a tener de usarla”.
Como finalmente sucedió dos años y nueve meses después. Justamente el 30 de mayo de 1984.
Ocurrió en la ciudad de México, y llegado el momento no le dieron oportunidad de nada.
Lo acribillaron por la espalda. (2)

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