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BARRERA DE SOL

TORO ENCAJONAO
Por Manolo de la Laguna

Amiga (o) lectora (or), dentro de nuestra supina ignorancia, no sabemos cómo andes de ortografía -nosotros andamos pal arrastre-, no sabemos si fuiste a la escuela de paga o a la correccional, porque en esta vida, todo puede suceder, pues no es lo mismo cajón con “jota” que cajón con “ge” y si no inténtalo y te darás cuenta de la realidad, como tampoco es lo mismo cima que sima, o casa que caza.
Y te pregunto lectora (or) lo der cajón, porque vamos a escribir sobre el cajón donde se encierran los toros bravos, cuando son trasladaos de la dehesa a la plaza, pues antes de que tú y nosotros naciéramos, los encierros se trasladaban a pie, durando hasta meses, por lo que lo del cajón vino a acortar distancias como el servicio telefónico, aunque muchas (os) lo usan para alargar charlas.
En la hermosa Ciudad Condal, en el siglo XIX, se ubicaba la antigua plaza de toros “La Barceloneta”, en aquellos tiempos no se hablaba de la prohibición de la bella fiesta, todo era “Vino, Mujeres y Canto”, cante jondo por supuesto, majas y majos lucían sus mejores galas y cada tarde de toros, era una auténtica fiesta taurina y las bellas artes le cantaban a la fiesta de las fiestas.
Pues bien, según cuenta la historia, corría el año de 1863 y en la citada “Barceloneta” se celebró una corrida de toros donde alternaron “El Salmanquino” y un tal “Bocanegra”, siendo el encierro de doña Gala Ortiz, dueña de la ganadería de San Agustín Alcabendas; quien se llevó la tarde, la historia o cuando menos los datos que tenemos, no lo dicen, no lo narran, no lo comentan, así que esperamos nos comprendan y si no triste su calavera.
Te estarás preguntando maja (o), qué tiene de interesante la corrida y el cartel, pues sencillamente lo siguiente: El conserje de la antigua plaza madrileña de La Puerta de Alcalá, viendo lo difícil que era trasladar ar ganao desde el Guadalquivir hasta el Nervión -norte de España, esperamos que cuando menos sepan de geografía-, tuvo la brillante idea de diseñar un cajón donde meter al toro bravo y trasladarlo en carretas en lugar de ir arreándolo por aquellos largos e interminables caminos de Dios.
Pascual Mirete, era el nombre del conserje citao, y para probar su brillante idea, construyó un cajón más o menos adecuado a la morfología del tío o del toro, si lo prefieres, y se lo llevó hasta Barcelona, solo que el resto del encierro se acarreó a pie, haciendo la friolera de un trimestre y al ver lo rápido y buen estao en que llegó er toro encajonao, de ahí “pal rial” los 6 toros 6 que componen el encierro, se encajonan y al llegar a la plaza de destino, son sacaos para que vuelvan a tomar el aire fresco, darles de comer y beban bastante agua para rehidratarlos. Vale.

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