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BARRERA DE SOL

 

 

TORERO QUE SE VA
Manolo de la Laguna
Décima primera corrida en la México, donde la empresa confeccionó un cartel interesante: Un torero se va, otro es un torero elegante, fino y el tercero, un chaval que quiere ser torero, aunque ya es matador; el encierro fue de una ganadería que perpetúa el nombre de la que fuera una gloriosa
 dehesa zacatecana a principios del siglo XX y hasta la mitad de éste, San Mateo, cuyos toros, aparte de estar bien presentados, dejaron mucho qué desear en el ruedo.
La tarde nublada, fría como la entrada, dada la escacés de los diletantes, quizá por no gastar éstos, gasolina, aunque en la capital, aún no hay desabasto; lo cierto es que la gente no va a los toros, salvo opinión en contrario y si a esto le agregamos al “Miji”, un diputadete que quiere abolir las corridas de toros y las peleas de gallos, la cosa taurina se pone del cocol.
Vayamos al festejo. Vestido de blanco y oro, Federico Pizarro, el torero que se va, se despidió de la afición capitalina, después de rodar, por cerca de un cuarto de siglo, por esos ruedos der mundo, donde logró algunas tardes de triunfo, como la que tuvo en el coso de Insurgentes, al cortar las orejas y el rabo de un toro bravo.
Su primer burel tuvo por nombre “Don Nacho” con el cual el defense no pudo lograr faena, siendo silbao el toro en el arrastre. El toro de su despedida se llamó “Don Gutavo” al que le bordò una faena torera, donde Pizarro demostró su torería y aunque la estocada es defectuosa, los tendidos se cubrieron de blanco, llevándose en la espuerta el director de la lidia, una oreja que paseo por el ruedo, bajo los acordes de las nostálgicas Golondrinas, siendo el triunfador de la tarde.
Fermín  Rivera, elegantemente vestido con un terno grana y oro, no tuvo suerte con su lote, pues “Don René” y “Don Diego”, dejaron mucho qué desear, solo vimos la elegancia, la clase, el señorío y el oficio del lidiador del potosino.
El nóvel matador de toros Gerardo Adame, tampoco tuvo suerte con su lote compuesto por “”Don Antonio” y “Don Toño”. A este último, el hidrocálido,  ante un torrencial aguacero, le bordó una buena faena que emocionó al remojao tendido, pero lamentablemente el muchacho, no obstante la estocada, no logró que el bicho rodara pronto por la arena y la oreja, ganada con la muleta, la perdió con la espada.
Cambiando de tercio, ¡aguas! con “Er Miji” y tribu que lo acompañan; si quienes viven del toro -empresarios, ganaderos y matadores- no se ponen buzos con este tipejo que quiere expiar sus tramas a costillas de la bella fiesta, después no se quejen; no se les olvide que estamos iniciando el gobierno de la 4T. Vale.

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