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BARRERA DE SOL

 

 

 

DE CARMENES A CARMENES

Por Manolo de la Laguna

Er domingo es esplendoroso después de 2 días 2 de fuertes vientos y unos terregales del desierto, que hacen que las amas de casa  odien con odio jarocho, a Eolo y se ponen como si anduvieran en esos días, porque tienen qué sacudir, barrer y trapear la casa de arriba-abajo, mientras que el rey del hogar se hace güey o se pierde algunas horas con los amigotes, encontrando al regreso, rechinando de limpia la casa y la mujer rendida por el cansancio. Qué incomprensibles.

Nosotros nomás salimos a cortarnos er pelo, como había “muncha” gente, regresamos tardesón a casa y  todo estaba ya en orden. Pero así es esta región desértica del norte y como aquí nos tocó vivir, seguimos ganándonos a pulso er mote de “Los Vencedores del Desierto”, invitando a quienes lo dudan se vengan a radicar a esta tierra del Bravo, para ver si como roncan duermen.

No se crean, allá donde viven están bien, ya no vengan para acá, mejor cuiden a mamá, porque madre, lo que se dice madre, solo hay una y si alguien se atreve a contradecirnos, mejor no escribimos lo que pensamos y a otra cosa mariposa.

Iniciamos esta columna escribiendo de Carmenes a Carmenes, porque una es el éxito cumbiero de la Sonora Dinamita: Carmen se me perdió la cadenita con el Cristo Nazareno,  Carmen… y otra muy distinta la ópera Carmen, del francés Georges Bizet, donde aparte de la hermosa cigarrera de Sevilla ¡olé y olé!, también aparecen en escena José er cabo y er torero Escamillo. Si tú lectora (or) no has visto esta ópera, admírala en la primera oportunidad que tengas, no importa si eres taurina o no.

Y qué ganas de estar en la Ciudad de México, el día que en el centro caballar “Los Azulejos” allá por el rumbo de Atizapán, si la memoria no nos es infiel, se presentará esta ópera mundialmente conocida, así haya muerto muy jóven su compositor; valdría la pena hacer er viajecillo…

Pero er campo requiere nuestra presencia y por er momento no podemos abandonarlo porque se nos haría cargo de conciencia y como la tierra es de quien la trabaja, según dicen por allí, lo mejor es ponerle al jale, aunque con los grandes vendavales, ni ganas nos dan de entrarle al toro, pero no queda de otra.

Como ya se habrán dao cuenta, hay de Carmenes a Carmes (y pensar que Carmen -qué hermoso nombre tan castizo-, se llamó la autora de nuestros días que Dios tenga en su Santa Gloria y a nosotros que no nos olvide, mejor aquí  le cortamos porque hoy “momingo”, Verónica ¡olé!, nos espera con una buena discá familiar y como a la gorra no hay quien le corra, hay se ven. Vale.

 

 

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