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Al maestro con cariño.

 

 

Eduardo Borunda.

Muchas veces hemos escuchado la frase “Al maestro con cariño” pero las palabras se las lleva el viento, los sentimientos de agradecimiento a quienes fueron nuestros mentores llegaron tarde o simplemente no reconocemos la labor de quienes han sido parte de nuestra formación humana. Hay maestros de quienes estaremos siempre agradecidos por sus palabras en los momentos más difíciles que sufrimos o tuvimos en nuestra formación académica. También recordaremos a los docentes que de alguna manera formaron hábitos de lectura, que nos enseñaron a ser, que nos formaron con valores y que nos enseñaron a aprender en un mundo de constante cambio.

            Las palabras al maestro con cariño no son huecas, salen del corazón y se dejan como las semillas que ellos mismos han sembrado en los corazones de almas que se forman. La vida produce en nosotros muchos cambios, el docente deja huella no en el aula ni en los pasillos porque la huella que dejan es su ejemplo a seguir, las peculiaridades de ellos, de los profesores es que son un alma a la cual se trata de imitar. Un docente o profesor tienen en sus manos la formación humanista, la pueden llevar a cabo fielmente con vocación pero también la pueden destrozar si dicha vocación no es parte de su compromiso social. La vida del docente es un espejo en donde los alumnos se ven reflejados.

En la escuela se quedan recuerdos que nunca se olvidan: el día que un maestro te regalo un libro, el pésame por haber perdido a ser querido, la satisfacción por un diez de calificación en una materia que te esforzaste en su aplicación, también la tristeza de saber que un maestro había fallecido. Escuchar de los excompañeros de clase que un maestro te mandó saludos o bien la dicha de escuchar que un docente había sido reconocido por su labor frente a grupo.

Como docente, escucho a veces comentarios de mis alumnos. Los halagos que se pueden escuchar son lo de menos, sin embargo saber que queda un recuerdo en ellos, que tienen una frase, un momento de reflexión, una palabra que fue reconfortante y que la recuerdan con mucho afecto, deja un sabor de boca único, pudiendo decir valió la pena. Soy de la vieja escuela, donde aún el gis se usaba en los salones, pero siempre me impulsaba el innovar con los alumnos universitarios.

El espíritu de los maestros universitarios, con las vocaciones que he descrito son también un motivo de orgullo. Los maestros no sólo transmiten conocimientos, también enseñan valores, actitudes, capacidades y habilidades. Satisfacción cuando recibes un llamado de un ex maestro o este te reconoce en la calle, en un oficina o acude a tu trabajo a saludarte. En fin, la docencia deja muchas experiencias, rescato las mejores, las que nos hicieron ser precisamente mejores ciudadanos mejores personas.

Yo quisiese nombrar a los que han forjado las almas, a los que han emprendido con sus palabras el encanto del gusto por la lectura, pero también a quien te enseño a leer, a quien te enseño las vocales, a quien te enseño a sumar y restar, a quien te enseño a escribir, a quien te enseño a pensar críticamente, a quien te enseño a ser y a creértela en este mundo tan complicado.

En conclusión, las películas como Simitrio, protagonizada por José Elías Moreno da cuenta de ese afecto que puede nacer de la vida diaria. Afecto que hasta la muerte quedará en las emociones humanas. Si aún no han visto las nuevas generaciones esa película es momento que retraten un poco la vivencia actual, protagonizada por una crisis de identidad fuerte en los jóvenes. Por eso, al maestro con cariño será siempre una frase que escuchemos cada día del maestro. ¡Felicidades a ellos!

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