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ADHOCRACIA

CUANDO LA LEALTAD LLAMA
DR. ARTURO CASTRO
La idea de esta idea, es porque esperadamente el Partido Revolucionario Institucional se está limpiando de aquellos militantes que ven un futuro incierto rumbo a la elección nacional, estatal y local de 2018. Y digo esperadamente porque quienes hoy se van y los que lo han hecho antes, han sido de la clase política beneficiaria del sistema liderado por el PRI, ocupando diversas posiciones gerenciales a lo largo de su exposición graduada de los años que presumen fueron de membresía partidista.
El PRI es un partido fracturado como los otros existentes que integran el sistema político mexicano, de ahí que la nueva novedad es hacer frentes, coaliciones, uniones o asociaciones de carácter multiideologico, valga la expresión.
La lealtad habrá existido? Es la cuestión en estos ex priístas que han renunciado motu propio a sus derechos militantes, parece una buena cuestión ya que hay un pasado imborrable. En la bonanza estuvieron, en la debacle se van sin decir adiós. La lealtad es un complejo término que significa la acción consciente de la persona, sin embargo hay un extravío de los valores ideológicos dado el encuentro de los intereses personales y de grupo que se dan en la visión de la persona misma.
En psicología una herramienta para conocer a la persona es la ventana de Johari, que expone, que el área ciega es lo que se ignora asimismo, pero los demás lo conocen bien. Este es el caso de algunos renunciados que se van avergonzados según ellos y no se dan cuenta del juicio político al que son sujetos.
Así a manera de carta, a quienes se rajan, diría Octavio Paz en su libro El laberinto de la soledad, realizo esta reflexión, que pudiese parecer innecesaria y hasta cuestionable, pero asumir que la lealtad es una virtud, un valor, una forma de vida que a todos pertenece.
La lealtad partidista nos conduce a un camino o a otro, a situaciones a veces complejas como la de aguantar el bullying social que existe contra los políticos, es una responsabilidad adquirida a través de la identidad forjada a lo largo de la militancia expuesta, preguntaría a los expriístas renunciados, si se identifican hoy con su proyecto contrario al partido o si solo es el interés de la ocasión, también definida como oportunismo.
Siempre he sido leal, algunas veces inconforme, exponiendo el aprecio de mis amigos, pero siempre con la frente en alto, buscando la mejor aportación al partido en un ambiente de plena conciencia ideológica con base en los documentos básicos del partido, hoy olvidados por el poder adquirido de los sectores y organizaciones que promueven a la familia de sangre a los puestos de representación popular, olvidando al viejo consejero y al joven aprendiz recién llegado al partido. Es un idealismo, el de hoy convenenciero y aunque romántico interesado en el poder por el poder mismo.
Las lecciones de responsabilidad partidista siempre van a ser bien recibidas, El motivo de hoy es la expulsión de un miembro del partido que es buscado por la policía, sin problemas se llama César Duarte. Aunque es solo la excusa para buscar en otro lado nuevos derroteros, bien por el PRI que se ha quedado sin algunos políticos igualmente cuestionados por su hacer y deshacer a lo largo de los años.
Considero que no hay traición cuando no se tiene lealtad, cuando se venera la personalidad propia en perjuicio del ciudadano soñador. Hoy tenemos una nueva lección sobre lealtad, traición, idealismo y transición o prostitución política. La idea es que los intereses personales siempre serán prioritarios en política.
Las ideas nos motivan creencias, proyectos a realizar muchas veces al corto plazo, ser leal es cumplir el compromiso adquirido, cumplir con los momentos que exige la participación política electoral y social, tomar la experiencia no como presunción para renunciar después de X tantos años, sino para servir a los demás. La memoria escrita de los que se van en relación al beneficio social, ocupan no un cuaderno de vida, sino una hoja de papel que a la vez tal vez después de ser escrita, quede en blanco.
Creer en el PRI no es una agonía, es creer en un proyecto que asumo se ha malversado por políticos y no políticos, pero es mi partido, aquel que he representado en el sector popular y en los tres niveles de jerarquía dirigente. No peleo el debate, este siempre estará, sobre todo en los filósofos de la radio y el café, busco un posicionamiento acerca de cómo entender la lealtad en medio de la queja urbana y la crisis de representación política existente.
La dificultad de ser leal estriba en el compromiso, el examen es el momento amargo que se vive sobre la imagen política de los políticos. La lealtad es una condición que no les queda a todos, lo sé, lo vivo y creo que lo viviré.
Es la experiencia, que ha sido difícil y dura, pero satisfactoria pensando en una mejor sociedad, que se vayan los traidores desde adentro y desde afuera del partido, faltan algunos, espero ver sus cartas con la misma redacción, queriendo no ser el último samuray de esta historia producto del movimiento que demanda democracia y justicia social.

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