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Un adiós a la Vieja Guardia

Ciudad Juárez

Un adiós a la Vieja Guardia

2013 MUEREN DIEZ PERIODISTAS.

El Mexicano

30 de diciembre de 2013

 

Moisés Villeda / Especial El Mexicano

Ciudad Juárez,Chihuahua.-En el 2013 diez caudillos de la pluma fallecieron por alguna enfermedad.

Ellos son: Aurelio Páez Chavira, Alfredo Quijano Hernández, Eduardo Romero de la Peña, Guadalupe Ávila Acosta, Fernando Medina Sáenz, Manuel Gómez Martínez, Gabriel Villanueva, Francisco Nava Castaldi, Héctor Oaxaca Acosta y José Nabor Lucero.

Los diez periodistas dejaron huella en la historia de la ciudad e influyeron en las generaciones que les siguen.

Las palabras tuvieron la fortuna de no perderse las unas de las otras y consiguieron que estos reporteros las reunieran cogidas de la mano.

Y es que con el correr de las cuartillas, la mucha tinta derramada y el intenso ambiente laboral; el declive del tunde teclas comienza con la disuasión del pensamiento; con esa batalla contra la vaga inmensidad de la memoria.

Y no se diga de las enfermedades.

Entonces el viejo periodista encierra en un solo párrafo su súplica, antes de que Dios lo mande llamar a su presencia.

Pero una extraña coincidencia se dio entre los periodistas fallecidos en el 2013; a pesar de las dolencias y penurias murieron realizados como personas.

Entre más viejos fueron más libres y entre más libres más radicales.

Se puede decir incluso que más sabios y más buenos, que es a la postre la íntima ambición del ser humano.

«Nada es mejor para el hombre que el disfrutar de su trabajo y de sus locuras», dijo otro periodista, Gabriel García Márquez.

Y efectivamente, la mayoría de los periodistas no sufren la locura; sino que la disfrutan a cada momento.

Ya lo dijo Jacobo Zabludowsky, «para ser periodista no se necesita estar loco, pero cómo ayuda».

En su andar tan peregrino, en esa búsqueda por romper el silencio, los periodistas llevan en el alma un poco de marino, un poco de pirata y un poco de poeta.

«Los maestros del periodismo deben ser un poquito locos o de otra forma no harían nada. Pero si fueran simplemente locos, nada harían tampoco. Si fueran solamente cuerdos, también nada lograrían», parafraseando al maestro Paulo Freire.

Solo hay un camino para hacer algo en el periodismo y es estar sanamente loco o locamente sano, dijo Freire.

Lo cierto es que en el periodismo el que quiera edificar los sueños debe estar infinitamente despierto.

Este oficio es un espacio al que solo los soñadores tienen acceso; «no hay cambio sin sueño y no hay sueño sin esperanza», reflexionó Freire.

QUIEN CREE EN MÍ, AUNQUE HAYA MUERTO, VIVIRÁ…

El último periodista en partir lo hizo a las 6:00 horas del pasado jueves 26, cuando en El Paso falleció Aurelio Páez Chavira, de 78 años, a causa de una enfermedad cardiaca.

Don Aurelio se inició en Parral como voceador. Luego fue linotipista, director y, sobre todo, un virtuoso de las relaciones públicas.

Don Aure, como se le conocía cariñosamente, se convirtió en maestro de varias generaciones de periodistas, siempre a favor de una lengua más vigorosa, más culta y, sobre todo, más justa y verdadera.

«Él mismo pidió que les fuera comunicado que se fue en paz con él mismo y con su Creador», dice el escrito que emitió la familia Páez Varela tras su deceso.

«Vivió con modestia e integridad. La mayor herencia que deja Aurelio Páez a su familia es el hambre por todos los valores que defendió: la libertad, la equidad y la justicia», refieren sus deudos en el comunicado.

Los últimos años, debido a su enfermedad, don Aurelio cambió su residencia a El Paso, para poder facilitar su atención médica.

«Don Aure» nació en Parral en 1935 y a los 14 años llegó a El Sol de Parral para pedir una oportunidad. A los 15 años era ya linotipista.

Don Luis Fuentes Saucedo, padre de Luis Fuentes Molinar, le dio empleo cuando era propietario del periódico La Tribuna de Chihuahua.

«El me ofreció trabajo en los linotipos. Fue algo diferente y había dinero», dijo Páez a Mario Héctor Silva en una de sus últimas entrevistas.

SER MAESTRO ES MISIÓN DE GENTE NOBLE

El 11 de septiembre de 1959 se derrumbó el edificio de La Tribuna en la ciudad de Chihuahua y murieron siete trabajadores de ese periódico.

Aurelio Páez salió de los escombros por un agujero, donde las vigas quedaron, apenas, a centímetros de aplastarlo.

«¡Volvió a nacer!», publicó al día siguiente Luis Fuentes Molinar en una nota.

En los últimos años el enfisema pulmonar y problemas en la vesícula lo apartaron del periodismo.

Aquí fue jefe de prensa en la representación del gobierno del Estado, con Fernando Baeza Meléndez, y director de comunicación social en la presidencia de Jesús Macías Delgado.

Don Aurelio tenía la vocación de maestro y puso su esperanza en los periodistas que venían atrás; esa esperanza de verlos llegar alto.

La sencillez de las palabras es lo que las provee de eficacia y la sencillez en las personas es la más enriquecedora de las virtudes.

Le sobreviven Lupita, su esposa, y sus hijos Rosalba, Dalia, Aurelio, Sara, Alejandro y Ana Margarita.

CUANDO UN AMIGO SE VA SOLO QUEDAN RECUERDOS

Doce días antes, el también periodista Alfredo Quijano Hernández había fallecido a los 55 años de edad, cuando ocupaba la dirección general del matutino Norte de Juárez.

El sábado 14 de diciembre, a la 13:10 horas, expiró luego de meses de haber sufrido un accidente cerebro-vascular.

Quijano ingresó en 1982 a esa casa editora -conocida entonces como El Universal de Ciudad Juárez- como mecanógrafo y corrector.

Hace unos meses, Quijano sufrió un derrame cerebral por el cual fue intervenido en hospitales locales y de la Ciudad de México.

Regresó a esta frontera dando muestras de recuperación, pero luego le sobrevino otra apoplejía, por lo cual fue trasladado a la Clínica 66 del Seguro Social, donde falleció.

«Lo primero que provoca Alfredo Quijano al conversar con él es tranquilidad y una profunda admiración», escribió atinadamente su compañero Antonio Flores.

«Yo llegué a esta empresa antes de que se convirtiera en Norte, cuando era El Universal de Ciudad Juárez», le dijo Quijano a Flores en aquella entrevista.

Una mañana cualquiera de 1984, un joven de 20 años con el cabello largo llegó a pedir trabajo a ese rotativo.

Luego de la entrevista con el jefe de Recursos Humanos y algunos directivos, las puertas del periodismo se le abrieron a Quijano de par en par.

Su primer puesto fue el de mecanógrafo, mucho antes de que alguien imaginara siquiera la digitalización y la era del internet.

«Yo trabajaba como mecanógrafo. En aquel entonces había otro tipo de maquinaria. El trabajo era más laborioso y había más personal», recordó Quijano.

Esa vez habló con Flores tanto de rock clásico como de la talacha periodística en sí.

«Lo más difícil fue la época de violencia e inseguridad que vivimos en la ciudad a partir de finales de 2007. Sin duda son los peores momentos que he vivido como periodista», afirmó.

TODO AQUEL QUE CREE EN MÍ NO MORIRÁ PARA SIEMPRE

Finalmente la noche envolvió en su manto a Quijano – maestro de otra generación de periodistas- y el cansancio terminó con él.

«Si la vida me diera la oportunidad de volver a nacer, haría todo lo necesario para volver a ser periodista», declaró a su entrevistador antes de morir.

Quijano era paciente y de estar pensativo. El único defecto que tenía era irle al Cruz Azul, según sus amigos.

«Yo entré a trabajar aquí en un puesto bajo. Ya no existe el puesto de mecanógrafo en los periódicos», dijo.

Quijano pasó más tiempo de su vida en el periódico que en su casa, por eso su familia le concedió su postrer deseo.

«Cuando muera me llevan al periódico, antes de sepultarme», pidió un día.

«Ahí se pasaba todo el día. Salía muy temprano de casa y volvía de noche. De niño uno no entiende esas cosas pero creces y te das cuenta que papá no estaba contigo porque era muy dedicado a su trabajo… y así es el periodismo», manifestó su hijo Carlos durante las honras fúnebres.

A las 12:10 horas del lunes 16 de diciembre, frente al periódico Norte se paró la carroza con el féretro de Quijano.

El aire frío de diciembre calaba los huesos.

«Quijano era una gran persona», «nunca lo vi alterado», «con él nunca podías pelearte», «era el más paciente», «siempre te echaba la mano en lo que podía ayudarte», fueron algunas de las frases que se escucharon.

Quijano no era de ojos altivos ni de corazón orgulloso. La presunción y el orgullo quedaban reprendidos frente a su humildad.

Su sencilla nobleza tenía un toque de elegancia.

El cortejo fúnebre pasó primero frente a la iglesia San Lorenzo y tras esperar el semáforo cruzó para estacionarse dos minutos exactamente frente a la puerta principal del periódico que lucía un moño negro.

«Alguien aplaudió y todos lo siguieron. Lágrimas, anécdotas y voces de aliento surgieron en medio de la lluvia aplausos. El cielo comenzó a llenarse de globos blancos», se relata en la crónica del evento.

Formador de varias generaciones de periodistas, a Quijano Hernández le sobreviven sus hijos Jorge, Sergio, Carlos, Abigail y Anita

VOY A PREPARAR LUGAR PARA VOS…Y OS LLEVARÉ CONMIGO

Dos meses y 22 días antes, el domingo 22 de septiembre, fallecióel conocido periodista de televisión Eduardo Romero de la Peña, a causa de padecimientos que lo quejaron durante los últimos meses.

Lalo, como le decían sus compañeros, se desempeñó por varias décadas como camarógrafo del Canal 5 y como corresponsal del Canal 9 KTSM de El Paso.

Por mucho tiempo fue el conductor del programa «Mientras Usted Dormía» que trasmite el Canal 5.

Su salud se había quebrantado en últimos años al grado de desplazarse en silla de ruedas.

En julio del año pasado acudió en silla de ruedas al corte de listón de una biblioteca que lleva su nombre, en la Plaza del Periodista.

Quien naciera el 30 de mayo de 1930, en Tlacotalpan, Veracruz, fue Presidente de 1999 al 2001 de la APCJ.

Fue el último dirigente del siglo XX y el primero del siglo XXI de esa asociación.

Lalo ejerció la profesión durante 44 años y también fue vocero de la Subprocuraduría de Justicia del Estado y en los últimos años, antes de que la enfermedad lo postrara en cama, se dedicó a escribir libros.

Y es que todos los periodistas van por el mundo contando el cuento que son; seres hechos de palabras, herederos de palabras que van dejando, a lo largo del tiempo, un testamento de palabras.

Le sobreviven su esposa Lucía Armida Contreras Silva y sus hijos Lucía Guadalupe, Eduardo y Gabriela.

Pero ocho días antes, la tarde del viernes 13 de septiembre, después de permanecer hospitalizado durante varias semanas debido a complicaciones cardiacas, igualmente había fallecido el periodista Guadalupe Ávila Galván.

La noticia fue anunciada por la empresa radiofónica RadioNet en la cual había laborado durante 11 años.

Ávila Galván colaboró en diferentes medios de comunicación, tanto en prensa escrita como en televisión… un juntar de palabras.

Las palabras -como la vida de los periodistas-, están apoyadas unas en otras en equilibrio inestable como de malabarismo circense, gracias a una sintaxis precaria.

LA MISIÓN IRREMPLAZABLE DE FERNANDO MEDINA

El viernes 9 de agosto del 2013, a las 17.00 horas, murió el reportero y columnista Fernando Medina Sáenz, de 75 años, a consecuencia de una enfermedad que lo mantuvo hospitalizado en las últimas semanas.

La carrera de Medina abarcó varias décadas, en las que se convirtió en un referente entre los comunicadores fronterizos, además de presidir la APCJ.

El periodista nació el 16 de septiembre de 1937 en la ciudad de Chihuahua.

Trabajo en Telégrafos de México e inició su carrera periodística en el rotativo El Fronterizo y continuó en el periódico ABC.

En 1982 ingresó a El Diario como reportero de la fuente de Gobierno Municipal. Posteriormente destacó con su columna «Fuera de Libreta».

La técnica del periodismo la aprendió el «señor Medina» -como le decían sus amigos-en la oficina de Telégrafos.

Durante años capturó los escritos que los reporteros mandaban a sus periódicos y así fue como dominó la redacción periodística.

Hacía 56 años que llegó aquí, en donde conoció a Delia Esparza, la madre de su único hijo y con quien compartió 50 años de casados.

Pero desde los 14 años Fernando Medina era el sustento de sus papás y hermanos, gracias a su trabajo de telegrafista.

«A pesar de que solamente terminó la primaria, buscó los medios para poder darme una carrera. Estoy muy orgulloso de él. Soy ingeniero industrial y gerente de una maquiladora y todo eso es gracias a él», expresó su hijo tras la muerte del periodista.

Su anécdota más conocida refiere que durante una conferencia cuestionó al entonces gobernador Francisco Barrio Terrazas por el apoyo económico que dio a un organismo que presidía uno de sus hermanos.

La reacción del primer mandatario fue inesperada y le contestó: «No sea mamón».

Luis Ochoa Minjares, articulista de El Diario, consideró que ese error público del gobernador Barrio lanzó a la popularidad la carrera de Fernando Medina como columnista.

La pasión de Medina fue la columna de opinión porque le daba la libertad de meterse en los temas más candentes de la vida pública y privada en la ciudad.

Una vez alejado del ejercicio periodístico, se desenvolvió en áreas de Comunicación Social.

Entre su trayectoria está la presidencia en dos ocasiones de la APCJ.

Bajo su dirección se construyó el edificio sede de la agrupación, misma que lleva su nombre y que fue inaugurado el 8 de septiembre de 2007.

Medina asumió la presidencia de la APCJ en mayo de 1995 y retomó la entrega anual de la Columna de Plata que tenía 10 años suspendida.

Estuvo al frente de dicha asociación por cuatro años consecutivos.

Siempre supo enfrentarse a la enfermedad y a la muerte: «Diecinueve veces he ido al quirófano y aquí estoy», dijo entre risas antes de su muerte.

EN LA CASA DE MI PADRE HAY MUCHAS MORADAS

A los 71 años y tras una operación de corazón abierto, el 27 de junio por la mañana también falleció el periodista Manuel Gómez Martínez, quien tenía una trayectoria de más de 50 años de trabajo.

El deceso de Gómez Martínez ocurrió después de haber permanecido una semana hospitalizado debido a varios problemas de salud, siendo el más grave una afección cardiaca.

Manuel Gómez nació en Santa Bárbara, Chihuahua, el 18 de abril de 1942.

Su primera oportunidad en los medios la tuvo en 1962 en el periódico «La Crónica» que funcionó en el edificio Continental en la zona Centro.

En 1976 Gómez Martínez fue director de El Diario, el segundo después de Guillermo Terrazas Villanueva.

A lo largo de su carrera también se desempeñó como locutor, comentarista, analista, editorialista y publicista.

«Mi camino ha tenido de todo, momentos tristes, alegres, decepcionantes, horrorosos, llenos de satisfacción, de peligro de muerte.

«Pero a pesar de todo me siento con la capacidad moral de decir que he vivido honestamente», afirmó Gómez Martínez durante una entrevista realizada el 24 de abril del año pasado, al cumplir 50 años de carrera periodística.

El 23 de julio de 1988, el auto donde viajaban Gómez Martínez y parte de su familia fue acribillado por agentes de la Policía Judicial Federal.

En el ataque murió su esposa Linda Bejarano; su madre Lucrecia Martínez y un amigo de la familia, Luis Alfonso García Buenabad. Él resultó ileso.

«He estado al borde de la muerte y no tengo miedo a morirme. Estoy totalmente tranquilo. Esa es mi máxima satisfacción porque como padre, periodista y ciudadano no he fallado», dijo en aquella ocasión.

Al momento de su muerte el periodista colaboraba en la estación Grupo RadioNet, donde el año pasado una cabina fue bautizada con su nombre en reconocimiento a sus 50 años de trayectoria.

«La irreverencia es su sello y la franqueza su herramienta, un maestro que ha fincado una brillante carrera en diferentes medios de comunicación, destacando que durante los últimos 12 años colaboró en Grupo Radio Net», informó en su página de Internet la estación tras su fallecimiento.

A Gómez Martínez le sobreviven sus hijas Karla y Alejandra Gómez.

OAXAQUITA ERA PARIENTE DE ANTHONY QUINN

Diecisiete días antes, el lunes 10 de junio a las 19:30 horas y con 87 años encima, murió el fotoperiodista Héctor Oaxaca Acosta.

«Oaxaquita», como cariñosamente era conocido en el gremio, murió a consecuencia de varios padecimientos derivados de la diabetes

«Oaxaquita» nació un 13 de marzo de 1926 en Chihuahua y prestó sus servicios como reportero gráfico en el desaparecido diario El Fronterizo, así como en El Mexicano, El Heraldo de Chihuahua y El Sol de Parral.

En esas redacciones las palabras fluyen interminablemente; inundan el suelo, llegan hasta las rodillas de los periodistas, a la cintura, a los hombros, al cuello y se apoderan de su garganta y de su pluma.

Esas palabras son necesarias para ellos; para entender al mundo… y para entenderse mejor ellos mismos.

Por medio de las palabras comparte el periodista la noticia y su filosofía, que es el alimento del ser, que es la construcción de la mente.

Y por medio de la palabra comparten también la verdad universal.

En 1991, Chinito fue introducido al Salón de la Fama del Deporte en Juárez, junto con Alfredo Urías y la finada Bertha Chiú, pues se le considera el padre de «la fotografía en movimiento».

Oaxaca era pariente del desaparecido actor de origen chihuahuense, Anthony Quinn Oaxaca, hijo de su prima Manuela Oaxaca y de padre irlandés. Ambos se distinguían por una singular ceja doble.

El fotógrafo, a quien la fama no le dio precisamente fortuna o riqueza, siempre se manifestó complacido por los reconocimientos y honores dispensados, tanto por el gremio periodístico como por los alcaldes de la ciudad.

El Chino» Oaxaca, era considerado el decano de los fotógrafos. Formó a toda una generación de fotoperiodistas, e incluso a unos les dio el trato de verdaderos hijos, como sucedió con la periodista Maricela Ortega Lozano.

«Era un viejito muy trabajador, muy bueno, impaciente, acelerado, pero un viejito muy amoroso. Nos quiso mucho a mi hermano, a mí y a mi mamá», comentó su hijo Héctor durante los servicios funerarios.

Entre decenas de ofrendas florales y dos grandes imágenes al lado de su ataúd, una de ellas en compañía de su inseparable cámara, «Oaxaquita» recibió el último adiós.

Allí estaba, Héctor Sáenz -también ex presidente de la APCJ-, quien siempre lo consideró como un padre.

«Convivimos 25 años en el mismo laboratorio. Revelábamos nuestras fotos en aquel entonces con la cámara tradicional».

«Fue como un padre, doy gracias a Dios por haber tenido un compañero como él porque me llevó por un buen camino», agregó.

A través de su cámara capturó imágenes del ámbito social, deportivo y policiaco, hasta hechos históricos como la devolución del parque El Chamizal a México en 1967.

Oaxaca también fue presidente y socio fundador de la APCJ.

El sábado 28 de mayo de 1983, en el restaurante Degá, Oaxaquita presidió su primera reunión como líder de la APCJ.

Entre sus múltiples reconocimientos destaca el galardón que le otorgó la NASA por unas fotografías captadas en 1961 durante una prueba nuclear en Carlsbad, Nuevo México.

El pasado 3 de junio, en el marco de los 50 años de la APCJ y la Semana de la Comunicación, se inauguró en Las Misiones la exposición Retrospectiva Fotográfica.

Una colección de imágenes que fueron extraídas de los rotativos de la hemeroteca de la Organización Editorial Mexicana (OEM).

A REMAR EN SILENCIO, EN EL SOSIEGO DEL ALMA

El pasado jueves 21 de marzo, a las tres de la madrugada, de forma por demás inesperada, falleció el periodista José Nabor Lucero Portillo, editor de El Dorado de Chihuahua.

Nabor había sido ingresado el miércoles 20 por sus familiares al Hospital General, adoleciendo de algunos malestares en el pecho y fue dado de alta tres horas más tarde.

Pero luego fue ingresado nuevamente a la medianoche, y el jueves 21, a las 5.00 de la mañana, los médicos reportaron su fallecimiento.

Contaba con 55 años de edad y junto con Maricarmen Torres, fallecida hace ocho meses, formó la Agrupación de Periodistas Independientes de Ciudad Juárez, que ahora con su muerte ha quedado desintegrada.

Para Nabor -al igual que para Saramago- las palabras fueron piedras puestas para atravesar la corriente de los ríos.

Como dijo Saramago, se comienza a ser viejo cuando la mayoría de nuestros verbos se conjugan en pasado y entonces se comprende que nuestra existencia le es indiferente al mundo.

Siempre lo había sido, pero no lo sabíamos, dijo.

«Que el Dios que amaste despierto, hoy que yaces aquí muerto, te brinde en el cielo abrigo».

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