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Autonomía Universitaria.

 

 

 

 

Eduardo Borunda

La Autonomía Universitaria está en riesgo. Las afirmaciones y después desdichos de los titulares del nuevo gobierno federal activaron a la comunidad universitaria y científica quienes pusieron el grito en el cielo. Primero la amenaza de desaparecer una parte de los apoyos a investigadores de CONACYT (aunque lo hayan disfrazado de otra forma), luego la iniciativa con “errores” de eliminar del texto constitucional la “autonomía universitaria” dejando en manos del estado la planificación de la educación superior. Al día siguiente, el propio presidente daba instrucciones para corregir la propuesta, retiraba incluso la misma. Como un regalo de Navidad, los rectores de las principales universidades del país firmaron un desplegado público donde señalaban “preocupación y extrañeza” por el proyecto de presupuesto de egresos de la Federación.

Las universidades tuvieron que alzar la voz y que bueno que se les escucho, es muy temprano para levantar a una sociedad civil que sólo pide de la manera más diplomática que se respeten los compromisos de campaña. 30 millones de votos no se pueden equivocar tan fácilmente. Como los errores humanos que cometemos, aunque se repare el daño persisten las molestias y las incomodidades y esto le esta pasando al gobierno federal. Errar es de humanos pero de sabios cambiar de opinión. En este sentido creo que se tomaron las decisiones correctas, pero recalco, no se puede ser tan sistemático en los errores y en especial en contra de la educación aunque después se corrijan.

El artículo tercero de la constitución en su párrafo séptimo, establece claramente las facultades de las universidades quienes en forma tienen la responsabilidad social de preparar profesionistas y científicos altamente capacitados, como un motor del desarrollo nacional. No podemos entonces equivocanos en las decisiones. El quitar la autonomía a las universidades implican varios eventos que podemos describir brevemente, el primero la estatización de la educación para convertirse en centros de adoctrinamiento político y/o religioso. Los planes de estudios serían elaborados sin atender las necesidades regionales, la homologación de las capacidades o bien del fracaso educativo por no atenderse a las particularidades de cada una de las regiones del país.

De acuerdo en la rendición de cuentas, las universidades deben tener un uso racional de los recursos humanos, materiales y financieros pero también generan sus propios recursos, hay que señalar que existe una muy marcada línea de financiamiento tanto privado como público en las universidades mexicanas. Es decir a unas se les da con la mano en la cintura y a otras se les regatea hasta el último peso. Ni tanto que la queme ni tanto que no la aluce.

En conclusión, debemos cuidar a nuestras universidades para seguir avanzando como país. Los errores que se han cometido despertaron muchas sospechas, pero lo que está en riesgo en este momento es la estabilidad económica, política, social, educativa del país. El mensaje entre todas las partes del conflicto es que se debe privilegiar el diálogo, que las universidades deben seguir teniendo una autonomía universitaria que garantice la educación de calidad.

Por lo pronto esperar y que esta Navidad traiga a los universitarios y a las autoridades federales la sencilla promesa de que los errores deben ser subsanados tiempo. Las universidades hablaron y la autoridad escucho.

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