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C H A R I F A S

Por Manolo de la Laguna
Ha muerto El torero charro, hasta donde sabemos, el tercer torero que ha sido llamado charro por serlo, en la historia taurina mexicana, pues el primero lo fue a finales del siglo XVIII y principios del XIX, Ponciano Díaz, El torero con bigote, muchos años después, apareció Eliseo Gómez y luego, Mariano Ramos, torero macho, recio, poderoso, que tuvo grandes tardes al lado de Manolo Martínez, Eloy Cavazos, Curro Rivera, Antonio Lomelín, entre otros muchos, descanse en paz El torero de la Viga, como también se le conocía a Mariano recientemente fallecido, por lo que enviamos nuestro más sincero pésame a la familia del Maestro, deseándole pronta resignación, porque el toro de la vida sigue y hay que poderle.
Después de este «lead» necrófilo, vayamos al tema del «Charifas», alias que de pronto, al aficionado taurino, le parecerá que nos  vamos a referir, a algún sicario, al peladito de la vecindad o del barrio, de la colonia, del fraccionamiento o del campestre, porque también los hay entre la gente «popi», aunque usted no lo crea, pero nada, nada de eso, se trata simplemente de un toro manso que lo dejó ir vivo al corral, aquel temperamental Lorenzo Garza, «El Ave de las Tempestades», allá por los años cuarentas, en plena plaza del Toreo de la Condesa, concretamente, la tarde del domingo 23 de marzo de 1941, año en el que quien esto escribe, era un adorable querubín, que mamá lo alquilaba para Niño Dios, con todo y moises. Ríanse, pero hay un Ser Supremo, que todo lo juzga.
En aquella época, el Huey Tlatoani de toda la indiada, era nada menos que Manuel Avila Camacho, con la desgracia de que tenía un hermanito harto incómodo, prepotente, despiadado, excéntrico y por si eso fuera poco, era un auténtico señor de horca y cuchillo en su natal Teziutlán, Puebla. Este abominable tipejo, para colmo de los males, también era General y su carnalito lo nombró Secretario de Comunicación y Transporte y Obras Públicas, siendo una de sus excentricidades, el convertirse, por obra y gracia del Espíritu Santo, en ganadero de bravo y participar, por sus «destos», en la empresa de El Toreo de la ciudad de México, aunque de ganado bravo, Max no conocía ni «maiz paloma», pero para un hombre de su calaña, nada era imposible y en el hermoso estado de Veracruz, donde según Agustín Lara, es el rinconsito donde hacen su nido las olas del mar, puso su ganadería, llamándole al rancho… El Rodeo.
Este bribón pseudorrevolucionario, tuvo la desfachatez de debutar como ganadero, el domingo 23 de marzo de 1941, ya señalao ¡payos!, en la corrida de Covadonga, con un mano a mano (era la Epoca de Oro del toreo mexicano), entre El Maestro de Saltillo, Fermín Espinosa, «Armillita» y er ya ciato Lorenzo Garza, Sismo y Estatua, todo el cerro de La Silla, está parao en la plaza ¡joder!, lamentablemente en esta temporada 1940-41, El Ave de las Tempestades, andaba volando muy bajo. El idiota de Maximino, ganadero con cuatro meses de edad, envió a la corrida, una boyada, siendo la bronca de órdago, al grado de que la plebe estuvo a punto de quemar la plaza de toros, pues Armilla, como pudo, pasaportó su lote, pero Lencho, del de Monterrey, dejó ir vivo al segundo de su lote, que se llamaba CHARIFAS y ardió Troya.
Para colmo de los males, el flamante ganadero, Manuel Avila Camacho, hijo de su rechiflaban nomas las balas, no se dejó ver en la plaza y no pudo ver como al buey que cerró plaza, cuando rodó sobre la arena, lo cubrieron de cojines y le prendieron fuego, rostizando lo que quedaba de tanta mansedumbre; fue tal el disgusto de Maximiano, que mandó llamar a Fernando Marcos, cronista taurino de la época y tras de decirle hasta de lo que se iba a morir, por la reseña, Marquitos, haciendo gala de valor espartano le dijo al cacique: ¿desea ver la película?, después de verla, le dijo al Fer, es suficiente, puedes retirarte. Desde entonces así eran de prepotentes e hijos de su pelona, los políticos mexicanos (faltaba el priato), pero er dato ahí está, tomao del estupendo libro de Luis Niño de Rivera, La razón de ser del toro bravo mexicano. Vale.

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