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José Narro y su salida del PRI.

 

 

Eduardo Borunda.

Las bondades del sistema político mexicano son excelsas, mientras estas dentro del sistema, después todo se vuelve podredumbre. La derrota del pasado primero de julio del 2018 en las elecciones presidenciales trajo como consecuencia la desaparición del propio PRI a nivel local y a nivel nacional, al menos es la percepción ciudadana. La crisis política, lo ubica ya como una tercera o cuarta fuerza política. Difícil de recomponerse pero no imposible.

La renovación de los cuadros políticos es una necesidad urgente, así lo han hecho sentir y expresado los actores más involucrados al interior del priismo. Sin dudas, el mejor candidato, con mejor curriculum y mejor aceptación entre la ciudadanía era el académico y exrector de la UNAM.

La renuncia cimbró a todos los sectores. El Comité Ejecutivo Nacional del PRI mencionó que el proceso de renovación sería abierto a la militancia, con intervención del Instituto Nacional Electoral, con un padron depurado, transparente y limpio. Los trabajos de afiliación y reafiliación se hicieron a nivel nacional. Todo el ejercicio para recuperar la confianza del electorado fueron denostados con una simple declaración: no hay confianza en la pulcritud de la renovación de la dirigencia nacional y renunció.

Los efectos de la renuncia al PRI del doctor José Narro son predecibles, se quedan colgados de la brocha muchos equipos políticos, fracturas entre la militancia que decide quedarse y la que decide irse, un PRI aún más descompuesto, a la merced del mejor postor y de la imposición como norma escrita. Cosa que pasa en todos los partidos políticos, como características de la que habla en su escrito Leonardo Valdéz Zurita (La democracia interna de los partidos políticos en México) y que resume en las siguientes palabras: “Los partidos hijos naturales de la democracia, tienden a ser poco democráticos en sus procesos de toma de decisiones”.

La gran pregunta que nos hacemos y planteamos es entonces si la afirmación que hacía este autor se dará o no. ¿La selección de los candidatos (en este caso de la dirigencia nacional) que empieza a ser muy conflictiva y que tiende hacia el enfrentamiento, tendrá la magnitud de una fractura simple o tan fuerte como para impulsar un nuevo partido político? La repuesta se dará a conocer en pocas semanas.

Hay que entender también que en México hay un cambio profundo. Por un lado se fortalece un partido político emergente, que se consolida como la primera fuerza política nacional y que tiende al establecimiento de una nueva hegemonía política, el caso de MORENA. Por el otro lado, tenemos un partido político en crisis, que un día fue la primera fuerza política y que tuvo una hegemonía política con gran tradición autoritaria como partido político (PRI).

Como conclusión, tendríamos un nuevo PRI con la camiseta de MORENA en el corto plazo, con la duda si se mantendrá como partido dominante o tenderá a la hegemonía política con rasgos de autoritarismo para garantizar su subsistencia; así como un MORENA, en algunos casos, con la camiseta del PRI, sirviendo al poder ejecutivo. Faltan aún muchos días, semanas y meses para poder tomar una u otra de las hipótesis planteadas. También es visible, que hay otros partidos políticos en la arena de lo público, también tendrán una oportunidad de oro que puede dar aire al PRI o bien sepultarlo en aguas profundas. En el año 2000 todos decían que era el fin de los tiempos del PRI, en el 2006 volvió a ser escarnio público al estar en tercer lugar en los resultados electorales y regresó en el 2012 al primer lugar. ¿Se repetirá la historia? Usted tiene la palabra. No todo lo que vemos es cierto.

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