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DEBUT Y DESPEDIDA

Por Manolo de la Laguna

Antes de iniciar el paseíllo en la séptima novillada de la temporada chica en la México, envíamos nuestras más sinceras felicitaciones la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, por su nueva señal de televisión, deseándoles lo mejor de la suerte, esperando que por fin, entre a los hogares fronterizos, algo de cultura, que mucha falta nos hace a los mexicanos; estaremos al pendiente de su programación en señal abierta, para disfrutarla como se disfruta el arte.¡Olé!.

Pues bien amigos aficionados al toro, el siete como el trece, es un número cabalístico o supersticioso, para los amantes de la suerte o lo fatídico (acuérdese de martes l3 y viernes l3,  fechas que, aunque históricamente diferentes, fueron hechos reales, que ahora se usan como superstición) y en esta novillada, el éxito y el mal fario, por llamarlo de alguna manera, apareció en el ruedo del coso de Los Insurgentes, donde un novillero triunfó y otro se cortó el añadido, esperando que haya sido para siempre, por el bien del muchacho.

Dos mexicanos y nuevamente un peninsular partieron plaza el pasao domingo en la Catedral del Toreo, antes unas dos mil gentes, con una tarde, al principio, un poco soleada y casi al final del festejo, con un poco de lluvia. Por la «mare» patria, enfundao en un terno ónix y oro, toreó Miguel Pablo; fue el director de la lidia y tras escuchar el grito del silencio en su primer novillo, trazó una buena faena con su segundo, demostrando este arlequín de Colmenar Viejo, mucho rodaje, desde que abrió su capote de grana y oro, mucho oficio y disposición para lograr el triunfo y lo logró al cortar la única oreja de la tarde, que se lleva en el esportón, para seguir dando el estirón y alcanzar la borla de matador de toros.  Quizá repita antes de que termine el serial, valdría la pena volver a verlo.

El segundo espada fue Antonio Galindo, que sevistió con un traje eburneo y azabache, sin embargo, este novillero no acaba de cuajar, de repente como que quiere y de repente como que no y cuando hay indecisión en el arte, serás todo, menos artista; su toreo es aseado, pero hasta cierto modo discreto, le falta sabor, sal, pimienta, ganas de agradar y demostrar con los avíos que desea el triunfo y que deberas quiere ser torero; qué cosecho en esta tarde, dos ensordecedores silencios. Ojalá razone el tlaxcalteca y le vaya buscando por otro lado, en el toro nada tiene qué hacer.

Luego apareció un muchacho que se hace llamar Jaime Adrian, sin saber por qué demonios se vistió de luces y apareció en la México, la fiesta de los toros no es  para mariconear o preguntarle a la novia ¿qué tal me veo vestido de torero?, porque dicen que su mozo de estoques, una muchacha, era su novia, como nada pudo hacer  con su primer enemigo y como con el que cerró plaza, lo dejó ir vivo al corral, después de escuchar los 3 avisos 3, el pelaó, en un arrebato de… pundonor, le vamos a poner, se cortó el añadido, la coleta, la castañeta, esperando que no vuelva a la plaza ni como aficionado, pues hata para eso hay que tener estilo o cuando menos, ganas de dejarse ver. Vale.

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