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Sinaloa, los otros datos.

 

 

Sinaloa, los otros datos.

Eduardo Borunda

Los sucesos del pasado 17 de octubre en Culiacán Sinaloa, han exhibido los “otros datos” no revelados por el Estado mexicano. Existen opiniones encontradas y los posicionamientos políticos dejan en claro que hay una sociedad dividida, hay “opinadores” que sólo opinan por opinar pero también hay análisis muy específicos sobre las consecuencias que los sucesos descritos en los medios de comunicación no pueden dejarse de comentar.

Hubo entonces ciertas “cosas” que no podemos dejar de lado. La primera, son la serie de inconsistencias  en las pocas declaraciones que ante la sociedad hizo el gabinete de seguridad. La segunda observación es que la cara del gobierno mexicano en su paz interior es la Secretaría de Gobernación la cual no la observamos en las mesas del gabinete de seguridad, lo cual nos deja en claro o que la actual secretaria es sólo una figura decorativa o bien ha sido desplazada de la agenda pública del gobierno federal. Un tercer elemento fue el primer deslinde del titular del poder ejecutivo, al negarse a dar una respuesta a los planteamientos de los medios de comunicación y se limitó a decir “Mañana hablamos”.

Dudas que van a quedar en el entramado y preguntas tan simples que no serán contestadas nunca y que quizá nunca vamos a conocer. Las dudas empiezan con una pregunta muy simple ¿Hubo operativo especial o fue un procedimiento de rutina? Las imágenes de un convoy con soldados rodeando una vivienda muestran que no era un operativo o patrullaje de rutina. Allí hay una serie de planteamientos por aclarar, porque salta otra vez la versión de la nueva “verdad histórica”.

Otro elemento de interés es si hubo o no coordinación entre las fuerzas armadas. La estrategia fue fallida, no se garantizaron todos los elementos de riesgo, no se puede ir aprendiendo a estas alturas ni simplemente decir hubo un error de calculo y no se previeron cosas que al momento de ejecutar las ordenes no se dieron. Es muy riesgoso decir que  no se previeron los acontecimientos.

Más elementos de análisis nos indican que los negociadores del Estado mexicano cedieron ante chantajes. Les han tomado la medida para cualquier otro operativo. Se salvaron vidas, por eso la decisión, no cabe duda. Lo que no cabe duda es que como retrataron y narraron los medios de comunicación internacional, hubo una sumisión ante el crimen organizado. Ya no podemos esperar más de este gobierno, las cosas son serias, formales, reales, porque con acusaciones ante las mamás de los capos, no se va acabar el crimen.

El papel de los soldados fue claro, cumplieron órdenes. La liberación del hijo de “El Chapo” fue una orden que acataron y como bien dice el dicho, quien obedece no se equivoca. El papel protagónico por parte del gobierno fue hecha por el Secretario de Seguridad Pública federal. La decisión estuvo en sus manos y la consenso entre el gabinete para que con el aval del presidente Andrés Manuel López Obrador se liberará a Ovidio Guzmán López.

En conclusión, los acontecimientos de Sinaloa han exhibido a los integrantes del gabinete de seguridad, al propio presidente Andrés Manuel López Obrador y al Estado mexicano. Se han salvado vidas, es el hecho positivo, pero pesa más el negativo en cualquier ecuación. Gustavo Díaz Ordaz asumió los acontecimientos del ‘68, la pregunta es ¿Andrés Manuel López Obrador  asumirá el costo político de haber violentado el estado de derecho y asumirá toda la culpa de lo que aquí pase? La historia apenas empieza.

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