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BARRERA DE SOL

LAS TRES CARABELAS

Por Manolo de la Laguna

Después de un agotador fin de semana donde una serie de compromisos nos hizo andar para arriba y para abajo, incluido el corte de pelo, por fin, hoy domingo, estamos relajados en casa comiendo tunas, si leyó bien, comiendo tunas de Zacatecas, esperando la hora de irnos al cine para ver la película Everest, con un buen pote de palomitas y una «Pecsi» para repetir a gusto y después ya metidos en nuestro Moisés, entregarnos en los brazos de Morfeo, sin que ésto quiera decir que ya salimos del clóset, porque nunca hemos estado dentro.

En esta tierra del Bravo, donde también se celebran las fiestas patrias por ser territorio mexicano y no tejano, hubo muchos festejos, incluidos dos taurinos, donde los fronterizos se divirtieron, mientras nosotros trabajábamos como negros, aunque son trabajos que algunos negros si quieren hacer, para que no nos tilden de xenófobos, pues ya todas las poblaciones del planeta tierra, se intercambian legal o ilegalmente, constituyendo la migración, un fuerte dolor de cabeza para todos los gobiernos que no hayan cómo resolver el problema, dejando al capitalismo voraz, que siga manejando económicamente al mundo ¡olè!.

Como nuestro fuerte no es la política, aunque todo lo que sucede en nuestro país no nos sea indiferente, vamos a agarrar el toro por los cuernos, pues el próximo 12 de octubre, se celebrará tanto en España como en esta América nuestra, un aniversario más del descubrimiento de dos mundos, del encuentro de dos culturas de las cuales surgió el mestizaje que nos identifica como mexicanos, sin haber desaparecido del todo las etnias que siguen disfrutando de sus tradiciones, usos y costumbres que nos llaman la atención como pueblos legendarios.

En aquel 12 de octubre arribó por estos rumbos, Cristobal Colón, cuyo viaje le financiaron, no el fondo monetario internacional, sino Isabel y Fernando, creyendo el genovés, que había encontrado un camino más corto para llegar a las Indias, en dos carabelas y una carraca.

Hoy en pleno siglo XXI, desde el punto de vista taurino, cada año llegan a México, por unos meses, algunos hispanos toreros a entrenar y a jugar al toro, salvo opinión en contrario, en todas las plazas mexicanas y no estar «dioquis» allá en su tierra, donde los inviernos son crudos y no hay nada qué hacer, excepto tomar vinillo de Jeré, jamón serrano de Jabugo o caldo gallego para soportar el frío.

En este año ya se anunciaron las 3 carabelas -así se les conoce aunque una era una carraca-, que vienen a alternar con la torería azteca, donde está sobresaliendo Joselito Adame, aunque no le paguen lo que le pagan a los peninsulares.

Ellos son, por orden de contratación según Herrerías: José Tomás, quien dándose aires de divo, impide, nomás por sus cojones, no se televisen las corridas donde él participa, cosa que no le debieran permitir las empresas y mucho menos las autoridades, según nuestro leal saber y entender; sigue Julián López «El Juli» a quien le enseñaron tras arrestarlo, no orinarse en la columna de la Independencia, aunque en España, no les enseñan civismo y por último Enrique Ponce, elegante torero que sentó una tesis taurina que ha recorrido el mundo de los cuernos: El toro mexicano es un artista.

Nosotros con el sospechosismo que nos es característico, creemos que esos animalitos artistas, lo son por su falta de trapío y bravura. Vale.

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