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UN MONSTRUO Y UN DEMONIO

Por Manolo de la Laguna
Desde luego, vamos a suplicarles de la manera màs atenta, a nuestros lectores (as), taurinos o no, que no se vayan con la finta del tìtulo de este interesante texto, pues no nos vamos a referir a ningún tratado de monstruologìa o como se llame, ni mucho menos a un aquelarre o sabbat, pues èste es una reunión de brujas y para brujas, con los que hay en este empobrecido país, basta y sobra, aparte de que aquelarre, tambièn es un cuadro de Francisco de Goya, que està en er museo del Prado, allà en España, donde aparece, suspendida en el firmamento, la luna y en medio de unas personas ¿o brujas?, un toro de largas astas, adornadas con hojas de algùn árbol.
Entonces…  ¿por que un monstruo y un demonio?. Sìganos leyendo y se divertirán, si es que no estàn amargaos, cosa que màs les vale, pues es tan corta la vida y amargaos, pues como que no va, al menos para nosotros, simples maletillas que hemos sabido disfrutar lo que Dios nos da y que nos seguirà dando, hasta el ùltimo de los dìas, porque eso sì, del rayo nos podemos salvar, pero de la raya, nadie, por muy poderosos que nos sintamos; ¿quieren apostar? ¡atòrenle!. Como sabemos que nos està leyendo el querido lector (a), poco a poco lo vamos metiendo en la muleta, por lo que terminaremos hacièndole la faena completa, esperando que a la hora de la verdà, no vayamos a pinchar en hueso.
En años diferentes (1947-1966), pero en el mismo mes de agosto, las campanas en España y Mèxico, repicaron a duelo, Ernest Hemingway, en 1940, ya habìa escrito Por quien doblan las campanas (For whom the bell tools), cita que viene ar caso, porque er mundo taurino de ambas èpocas, perdió a dos grandes toreros que dejaron huella en la historia y literatura taurina; mucho se ha escrito al respecto, pero cada agosto, nos llaman algunos amigos y nos dicen: Manolo, escribe algo sobre Manolete y Manolo, no se te olvide que ambos cumplen años de muertos y es bueno recordarlos, petición que aceptamos con mucho gusto, independientemente de que sepamos escribir o no, sometièndonos a su vitriòlica crìtica.
Porque ¡ah! còmo hay sabios en la bella fiesta, lo malo es que la mayorìa de ellos se creen la Biblia taurina y nada, son simplemente biblias, pero sin hojas; entonces, decíamos que en un mes de agosto murieron dos figuras cimeras del toreo, el primero fue Manuel Laureano Rodrìguez Sànchez, Manolete o El Monstruo de Còrdoba, quien muriò a las cinco de la mañana del 29 de agosto de 1947,  vìctima de una tremenda cornà que le infirió  «Islero», un astao de la necròfila  ganaderìa de Eduardo Miura, muerte que, con er tiempo, se convirtiò en un mito taurino, que jamàs se olvidarà.
El otro diestro fue er mexicano nacido en Monterrey, N. L., y que sus padres cristianizaron con el nombre de Manuel Martìnez Ancira, Un demonio de pasión, como lo llamò su biògrafo Cantù, quien muriò -Manolo-, vìctima de una fea cornà, propinada por el toro «Etìlico», cuyo deceso aconteció el 16 de agosto de 1986, torero que en sus tardes de gloria, supo arrancar, aparte de los olès, el grito de… ¡Manolo y ya!. descansen en paz, estos mandones de la fiesta. Vale.

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