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GALIMATÍAS: Encuestas y resultados electorales

 

Eduardo Borunda.

 

La zozobra en el resultado electoral que para unos fue más que obvio, pero para otros una cortina de humo para no aceptar la derrota, puso en un punto de vulnerabilidad la gobernabilidad democrática en los Estados Unidos. El sistema electoral estadounidense estuvo en la mira de la comunidad internacional y de los medios de comunicación, después de horas de debatir en una elección muy cerrada, con resultados no esperados por las encuestas preelectorales, encuestas de salida y por los resultados que el día de la elección se presentaban en los recintos donde eran contabilizados los votos y las actas de cada uno de los electores.

El reconocimiento de los resultados por parte de los estadounidenses le da a Donald Trump el punto final de una muy desgastada legitimidad política. Por una parte, los resultados de su administración lo hacen uno de los presidentes más polémicos, por el carácter del que Erasmo de Rotterdam un día decía de los príncipes que eran elegidos por el voto: “…estimulado por la licenciosidad que le da su fortuna, estalle en una tiranía y no tolere a aquel que la avisa o aconseja a su vez…”. De esos príncipes tenían que cuidarse en la edad media y parece que la humanidad no aprende de las lecciones del pasado.

Además de lo anterior, el voto de los estadounidenses hace 4 años (2016) fue para la contrincante demócrata, Hillary Clinton ganó con el voto de los electores en lo que se conoce como el voto popular pero no alcanzó a ganar en los estados claves que definen la elección. En este sentido, la elección indirecta que tiene como régimen el sistema electoral estadounidense se ha puesto en duda sobre su eficacia, su necesidad y hasta el día de hoy su legitimidad para elegir precisamente a su presidente. Con estos dos puntos, primero al no ganar el voto popular en ninguna de las dos elecciones (2016 y 2020), su temperamento de “bárbaro”, el no reconocimiento de su derrota y el triunfo de su opositor Joe Biden muestra la cara de un presidente de Estados Unidos que no reconoce que el pueblo es quien pone y quita a los gobernantes, un principio básico de la democracia occidental.

Joe Biden tiene entonces en su favor ser el presidente de los Estados Unidos con mayor número de votos, llega con una legitimidad inmediata al poder, con una agenda que pretende cumplir como un legado y del que daremos cuenta para dar seguimiento a sus promesas de campaña como lo es la reforma migratoria (amnistía) de 11 millones de indocumentados, la no deportación en los primeros 100 días de su gobierno de indocumentados, el fortalecimiento del programa DACA, el combate al COVID con una nueva estrategia. Son muchos los compromisos y tiene en su favor, que si los cumple, tendrá asegurado un segundo mandato en el año 2024.

Los resultados electorales tuvieron una crisis difícil de entender del lado americano, ya que estamos comparando dos elecciones con diferentes métodos de participación ciudadana y con legislaciones totalmente diferentes. Por un lado, en Estados Unidos hay una elección indirecta mientras en México tenemos una elección directa, el voto popular tiene diferentes aplicaciones, por ejemplo, en México el voto popular si elige al presidente mientras en Estados Unidos son los votos electorales los que definen al futuro presidente.

En Estados Unidos son los estados de la unión americana quienes tienen el control de los centros de votación, los votos son contados por voluntarios y no existe un centro nacional de elección. En México tenemos un Instituto Nacional Electoral (INE) que organiza las elecciones federales, entre ellas la de presidente de la República. Hay una estructura nacional encargada de todo el proceso desde su preparación, el día de la jornada electoral, el cómputo de la elección y además hay un Tribunal Electoral que emite la declaratoria de validez de la elección presidencial. Se encarga incluso de entregar la constancia de mayoría.

El Colegio Electoral en Estados Unidos estará en la segunda semana de diciembre reuniéndose para formalizar los cómputos realizados en cada uno de los estados de la unión americana y en ella se formalizará el triunfo de Joe Biden, triunfo que debe ser reconocido como la voluntad del pueblo y de los electores que salieron a las urnas a otorgar un voto de castigo o de premio al presidente número 45.

La falta de un programa de resultados preliminares y que sea de manera oficial y no sólo el recuento de los medios de comunicación o agencias de prensa darán mayor certidumbre y garantía de los procesos electorales en Estados Unidos. Son estas instancias, el PREP en México que organizan el INE y en el caso de Chihuahua el IEE, que dan certidumbre sobre la transparencia de los resultados electorales en donde cada voto es contado en el 100% de las casillas instaladas. La lección de Estados Unidos nos enseña que ante escenarios de alta competitividad electoral cada voto cuenta y debe ser contado para garantizar la gobernabilidad democrática.

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