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BANDERILLAS NEGRAS EN LA MEXICO

Por Manolo de la Lagunas
Aunque la tarde fue soleada y tibia en la décima tercera corrida de la temporada grande y lo interesante del cartel, poca gente se metió en el casuelón de Insurgentes, donde se corrieron 8 toros 8, dos de Fernando de la Mora, para rejones, que resultaron buenos sobre todo el primero que mereció arrastre lento; cuatro de Lebrija, para los de a pie, que no funcionaron, uno de Marrón, también para rejones y otro de Jorge María, que resultó manso de cabeza a rabo y que hubo necesidad de ponerle banderillas negras, palitroques que en nuestros más de cincuenta años de andanzas por la plaza grande, tanto en vivo como por la TV, jamás habíamos visto, lo bueno es que siempre hay una primera vez, para tener que contarles a los nietos.
El cartel lo encabezó un rejoneador español, Leonardo Hernández, quien vistió a la usanza campera española, mostrando una excelente cuadra de caballos lusitanos y dos españoles, que dieron un magnífico espectáculo ecuestre que emocionó al tendido, sobre todo con el que abrió plaza «Petrolero», donde lucieron Xarope, Cairel y Verdi, quienes torearon a la grupa guiados por su jinete, poniendo rejones, banderillas largas, cortas y la rosa, al estribo, a la tira y al quiebro, pues el morito se prestó para el lucimiento, lo malo fue que el de Badajoz, no lo pudo matar en el primer viaje, perdiendo la oreja, la cual volvió a perder con «Patas Blancas», un toro con menos cualidades que el primero, pero que permitió espectaculares giros en la misma cara del animal, que levantaron al cónclave, siendo los caballos toreros Burladero, Templario, Xarope y Humorista y como el extremeño quería triunfar a como diera lugar, regaló a «Filibustero», toreado por Cairiel, Verdi, Xarope y Travieso y aunque la monta no fue tan espectacular como las anteriores, el «cavalleiro» dejó el rejón de muerte en buen sitio, concediéndole el juez, a petición del respetable, las dos orejas con algunas protestas, trofeos que paseó Leonardo, feliz y contento, por haber pisao la Catedral del Toreo.
A pie partieron plaza dos toreros de la «Bona terra», el de mayor antigüedad, Arturo Macías, enfundado en un terno vino de Burdeos y oro, con su primero «Bucanero», escuchó un aviso sin lograr faena, dadas las condiciones del tio, las que repitió con «Corsario», lo mismo que el cornetazo, no obstante la voluntad del hidrocálido, quien tuvo que regalar a «Dorado» un mansote que fue la vergüenza de la tarde y de la ganadería de Jorge María; los cojines en la arena no se hicieron esperar, el bicho huía de todo, hasta que el juez ordenó se le pusieran banderillas negras, ya que por ser una res de regalo, no lo podía cambiar,  la bronca era buena; así pasó el segundo tercio y con la muleta, al «Cejas», no le quedó otra más que apechugar con el temporal y echándole ganas al asunto, convirtió las lanzas en cañas y tras una faena de porfía, de labor torera, sacándole muletazos al manso y matarlo pronto, el juez le concedió una oreja, que recibió con seriedad, mas que con alegría, Arturo.
Completó el cartel Joselito Adame, quien lució un terno en azul turquesa y oro, sus animales no tenían nada digno de verles como toros bravos, el primero se llamó «Navegante» (como el que le pegó la cornada en Aguascalientes a José Tomás), escuchando aplausos después de haberlo matado con una desprendida; el que cerró plaza, tuvo por nombre «Rivereño» y cuando nadie creía que habría algo en el ruedo, Joselito, logró sacarle una buena tanda de derechazos, haciendo el torero en redondo y por abajo, para luego venir la faena de más a menos y auque lo mata dejando el estoque en el rincón de Ordoñez, por su entrega y porfía, la gente pide la oreja para el hidrotermopolita
no, terminando esta corrida, sin pensarlo, con 4 orejas 4 cortadas, pues nadie las esperaba, porque no fueron ganadas a ley, dadas las condiciones de las reses que se corrieron en este festejo. Cómo se ha perdido la afición en la México, lo malo es que a las nuevas generaciones, ya no les interesa la bella fiesta. Vale.

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