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CISMA TAURINO

Por Manolo de la Laguna
Lectores (as) aficionados a la fiesta de los toros, qué tal, ¡cómo han estado! ¿bien?, nosotros, «pa’que mas que la verdá», también, pues en los últimos días, nos la hemos pasao de fiesta en fiesta familiar, pues parece que nuestras respectivas madres (para que vean que sí tuvimos, ahora ya no, pero tuvimos), se pusieron de acuerdo, para echarnos ar mundo al mismo tiempo y seguimos cumpliendo años, no se diga los críos, sin embargo, nos hemos dao nuestro tiempo, porque todo lo que sucede en la fiesta más bella, como simples aficionaos y «escrebidores», no nos es indiferente, aunque nos la pasamos renegando por tanto engaño y fraude que en la actualidad hay, en eso de matar reses, conocidas anteriormente, como toros bravos, no dejamos de estar en el ajo, para coraje de muchos.
Todo transcurría en completa normalidad, en lo personal, ya sacamos las maletas del «closet» y aprestamos nuestros avíos para… si el Gran Juez, no dispone otra cosa en nuestro paso por este mundo traidor, como cada año, a nuestra costa (no somos golfos ni periodistas de a tanto, como hay muchos en el medio, de los unos y de los otros), emprenderemos, vía terrestre -la patria está jodida y además no hay avión- nuestro viaje a la hermosa y romántica Aguascalientes, donde en nuestra niñez y juventud, nos dimos vuelo en la plaza de toros San Marcos, donde actuaban toereos machos, dentro y fuera de los ruedos, no como los de ahora y con el rey de los deportes el beisbol, en la famosa y profesional Liga Central Mexicana, recordando a Romo Chávez y al berrinchudo de Domingo Santana.
Todo pasa, hasta er tiempo, todo cambia, todo es relativo, para fortuna de todos los mortales que habitamos en diferentes latitudes y longitudes, este planeta llamao Tierra, pero en el mundo del toro, la cosa es diferente, todo va como los cangrejos, aclarando que antaño, también las sedicentes figuras españolas, se ponían sus moños, aunque por lo general, siempre les llegaban al precio, máxime que España estaba en el hambre, por la guerra civil y había que venir a hacer la América, «pa’calmar lambre»  tal como hoy, pero de manera diferente.
Pues en este tiempo de las luces, del cuello del ladrón cuelgan las cruces, según el escritor italiano Hugo Fóscolo
(para que no nos echen la culpa), ya nada es igual las «hubris» griega, ha invadido a los toreros hispanos, surgiendo en su máxima egolatría el «divo» José Tomás, al quien se le olvidó que no es dios, sino un simple mortal, que si bien es cierto se le ha llamao Er Príncipe de Galapagar, falta todavía comprobarlo dentro de la realiza de por allá; diestro que inflao por empresarios y periodistas de a tanto ¡coño!, ya no solo quiere por torear, las perlas de la virgen, sino el oro y er moro, creyendo que en México, donde se hizo figura, como sus paisitas del siglo XVI, se lo puede llevar en pleno siglo XXI.
Pero lo más lamentable del caso, es que siendo er Pepetón, el causante del cisma taurino al no presentarse en la feria de Aguascalientes, en voz de uno de sus achichincles, le hecha la culpa, olímpicamente, a la empresa hidrocálida de no haber llegao a un arreglo, dizque por la falta de interés, voluntad y formalidad de los señores que pagan, lo que demuestra la arrogancia, la «hubris» de este chipil torero que quiere 600 mil euros por una tarde en la feria y otras linduras y ahí fue donde el toro torció el rabo. Lo bueno es que con José Tomás y sin José Tómas, er mundo sigue su marcha, en tanto que la humanidad sueña y progresa y la feria de San Marcos, nadie, por muy figura que se crea, la puede detener. Al diablo José Tomás. Vale.

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