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¿REGRESAN LOS JAPONESES?

Por Cuauhtémoc Monreal Rocha
Hay hombres que trabajan como si fueran a vivir eternamente. Demócrito, filósofo griego.
Estoy enfermo, solo y triste abandonado, el pelo blanco por las penas que he pasado, siento mi mano temblorosa al escribirte, mi última carta para decirte: Que no hay dolor dentro de mi alma, ni un reproche, fue mi destino el que enlutó la negra noche… por qué te «juites» Javier, por qué te «juites» (nos referimos a Solís), pero es que nuevamente la señora manchega nos ha abandonado, sin decirnos la causa, motivo u razón, lo bueno es que hay un  Dios que todo lo ve y todo lo juzga, pero les apuesto lo que quieran a que antes de 6 meses 6, regresará a casa y lo primero que dirá la susodicha, será: Bendito sea Dios y su Santo Nombre, cuántas mujeres dirán, fuera mi marido este hombre, nos cai.
Así que en plena soledad y con la bendición de Dios, iniciamos este texto, pensando que, según la prensa (09-02-13), los empresarios japoneses, desean volver a invertir en esta la que otrora fuera, la mejor frontera de México, o a lo mejor algunos taimados, todavía creen que lo es, cada quien; los hijos del Sol Naciente, al ver que la violencia a menguado en esta rivera del Bravo y que hay una nueva Ley Federal del Trabajo, volvieron a poner sus ojitos de almendra, por estas latitudes, tan alejadas de su suelo patrio, por eso nos acordamos de Demócrito, porque los chaparritos orientales, como son adictos al trabajo, a la laboriosidad, trabajan como si fueran a vivir eternamente, cosa que no va con la raza azteca, «pa’qué es más que la verdá».
De todas maneras, bienvenidos sean los oriundos del sagrado Monte Fuji, los nativos del «Bonsai», pues de que en esta frontera falta mucha inversión extranjera (aunque se enojen los rábanos tipo Humberto), hace falta y qué mejor, que uno de los países más ricos de esta aldea terrestre, invierta en la tierra de los burritos (íbamos a escribir burros, pero se hubiera leído muy mal), porque hacen falta Ciudad Juárez, trabajo bien remunerado y de esta manera, reactivar la economía fronteriza, porque dichas inversión, ascienden a muchos miles de millones de dólares, que es la divisa internacional por excelencia, aunque muchos no lo crean.
Los empresarios japoneses, tienen un concepto muy especial del trabajo, creen que nacieron solo para trabajar, aunque también se divierten, porque su pueblo, es uno de los que tiene mas ingreso «per capita», su PIB, es de los más altos del mundo y si algo les sobra, es dinero, de ahí que por eso, nuevamente desean invertir en esta frontera, donde la inseguridad va menguando, sin que ésto quiera decir que no está latente por ahí, aunque los señores que gobiernan, digan todo lo contrario, lo único que la raza mexica, no les gusta de los japoneses, son dos cosas: que los pongan a trabajar, como si fuera el último día de su vida y como se dice secretaria en japonés: Nagas…aki.
Qué bueno que el gobierno mexicano, dé todas las facilidades para que estos inversionistas del lejano oriente, derramen dólares, muchos dólares, pues pretenden construir computadoras portátiles y por lo pronto desean contratar, de acuerdo con la nueva Ley Federal del Trabajo, si el prejuicio no nos falla, entre 300 ó 400 profesionistas del ramo de la cibernética, ya que demandan mano de obra altamente calificá, por lo que consideramos, que en nuestra ciudad, habrá esa mano de obra y muchos jóvenes deberán comenzar a estudiar japonés, inglés, latín, latón y lámina acanalá, si desean laborar, como negros, perdón, como japoneses, con estos señores de los ojos  entrecerraos, majos (as).
Nosotros, por lo pronto, ya nos cansamos de pergeñar estas líneas y como ya estamos más allá que «pa’cá», ni modo de enviarle a los empresarios japoneses, nuestro «ridiculum vitae», pues aparte de eso, como buenos gitanos, al trabajo no lo podemos ver ni en fotografía, así que mientras a la señora manchega le remuerde la conciencia y regresa a los brazos de su amado, vamos a escuchar, para estar a tono en estos momentos de penetrante soledad… Madame Buterflay, pensando…
¿REGRESARAN LOS JAPONESES? ¡OZU!.

 

 

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