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Victorias y derrotas.

 

 

Eduardo Borunda.

 

El pasado 2 de junio, un nuevo capítulo de la historia política se escribió. Las elecciones en Baja California, Puebla, Tamaulipas, Aguascalientes y Durango, confirmaron ciertas victorias anunciadas semanas atrás y derrotas predecibles. El análisis político y del comportamiento electoral hacen justicia a quienes desde la comodidad de un escritorio se dedican a observar los datos fríos. Para unos, todos perdieron, para otros hubo victorias contundentes, pero la verdad es que los unos o los otros fueron los grandes ganadores o perdedores de la jornada electoral, el abstencionismo les ganó a todos.

La primera categoría de análisis son las gubernaturas, el PAN pierde las dos, MORENA gana esas dos. Baja California y Puebla representaban bastiones políticos importantes, los dos gobernados desde tiempo atrás por este instituto político y el descalabro se justificó, diciendo que aún era el efecto de López Obrador. Sin embargo, ¿No será que el apoyo e impulso de toda la estructura de MORENA fue para esas dos elecciones? Así lo creo.

Detrás de esta derrota, tanto el PRI como el PAN, de los dos, el más sensible es precisamente el PAN, pierde el control de las dos gubernaturas y con ello la capacidad de movilización para otros momentos históricos. El PRI, bueno, bien gracias, no fue competencia y quedó muy relegado del primer lugar.

Los niveles de participación fue de menos del 30%. Lo que hace de ello una tasa baja de participación ciudadana y un voto de castigo en contra del PAN a nivel nacional. Lo que si sorprendió es que el PRI ocupara el quinto lugar, por debajo de Movimiento Ciudadano, PRD y el PAN. La victoria de MORENA fue un dos a uno en contra del candidato oficial del panismo en la entidad, dolorosa entonces la derrota, el mensaje claro.

En Puebla, con una participación electoral del 33.5% la victoria es también para MORENA, sin embargo, los índices de participación aquí fueron ligeramente superiores, el margen de victoria fue significativamente inferior y no tan contundente como en baja California. El PRI en último lugar y la diferencia entre el primero y segundo lugar apenas de 11 puntos. También un voto de castigo y el establecimiento de una nueva hegemonía política.

En Aguascalientes, los números hablan de una mayoría significativa de municipios que triunfa a favor del PAN (5 de 11), donde el PVEM (2), PRI, MORENA, PRD, PT obtuvieron triunfos muy raquíticos con una participación del 38.9%. Un estado dividido en lo electoral donde el porcentaje mayor de votos a nivel estatal, ubica al PAN como la primera fuerza con el 40% de los votos, a MORENA como segunda fuerza con el 21% y en un tercer lugar al PRI con el 8%. Es decir, no hay una tendencia para decir que son buenos números para todos. Hay una sociedad dividida con alta tasa de abstencionismo raro para esa región.

Tamaulipas se vistió de azul. El PAN con el 48% de los votos; MORENA con el segundo lugar con el 27% de los votos y en un lejano tercer lugar y sin ninguna victoria el PRI con el 10% de los votos. El PAN alcanzó 21 municipios y MORENA 1. Los triunfos a nivel municipio no reflejaron entonces hasta aquí una nueva hegemonía en esta región fronteriza agobiada por la inseguridad.

Durango se repartió entre el PRI y el PAN en las elecciones de ayuntamiento. Quintana Roo tuvo como principal ganador al abstencionismo, aunque fueron elecciones para diputados locales, la coalición PVEM, PT y MORENA predominó, es notorio y se articulan las nuevas alianzas electorales.

En conclusión hay una sociedad a nivel nacional muy dividida, se acentúan nuevas hegemonías, se desvanecen partidos políticos, se reorienta el voto de castigo, se hacen nuevas alianzas partidistas y al parecer la sociedad ya no es la más dócil al momento de votar.

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