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SOLO UN TORERO EN LA ARENA.

Por Manolo de la Laguna

Por las fechas los conocereís, parafraseando aquello de… por sus hechos… pues la entrada en la décimasexta corrida de la temporada, fue pobre (por ser corridas de aniversario, pues), la gente se quedó cómodamente sentada en la intimidad del hogar, unos para ver el furbol americano y otros, para ver la corrida, cuyos bicornios fueron de la ganadería de San José, eso sí bien presentados, a excepción del de regalo que estuvo medio destartaladón; el juego de los astados fue variado ¿será por aquello de que en la variedad está er gusto?, porque en lo personal no nos gustó como embistieron estas reses, como tampoco nos gusto la falta de torero en el segundo y quinto de la tarde.

Acá en casa, la familia se dividió, unos carne asada para ver el super «boul» y para el viejo, puro cuerno ¡perra vida!, de todas maneras nos divertimos con lo que queda de la fiesta brava y ahí les vamos, no los embestimos porque también, a nuestra edad, ya «semos» mansos ¿o mensos? quizá ambas cosas ¡coño!, lo cierto que en un vistoso terno canela, borado en oro y cabos negros, El Pirata de Jeré, Juan José Padilla, partió plaza, como director de lidia, seguido por Arturo Macías, «El Cejas»  de la tierra del cerro del Muerto, enfundado en un traje azul turquesa y oro y como tercer espada, el torero de la tierra de las tunas, donde el águila paró y su estampa dibujó, en el lienzo nacional, Fermín Rivera, vestido en tabaco y oro.

«Botón de Plata» se llamó el que abrió plaza y el cuarto, «Nenito»; con éste Juan José Padilla, logró cortar dos orejas y con aquél, solo escucho aplausos. La Brisa de Jeré, porque todavía no nos atrevemos a llamarle ciclón, como a don Carlos, que Dios tenga en su Santo Reino, volvió a repetir el triunfo de su actuación pasá, donde logró nuevamente tocar la sensibilidad del graderío, gracias a su tenaz esfuerzo de sobreponerse a la adversidad de la vida, después de aquel incidente de Zaragoza. Que el Juanjo conoce los intríngulis del toreo, ¡claro! que los conoce, lo ha demostrao allá y acá, por eso repitió, después de habérsele extirpao el ojo dañao, en su natal España, en la plaza de toros que otrora, daba y quitaba, salvo la mejor opinión de los «expertos».

En el toreo de Padilla hay de todo, valor, entrega, enjundia, detalles sabrosos, pero derrepente, pierde la figura y saca a relucir un toreo atravancao, arrebatao, sin pinturería, no obstante que es andaluz y para colmo de los males, lo poco bueno que hace, lo hecha a perder con sus desplantes de temeridad, olvidándose del valor sereno,  pues esta actitud -la temeridad-, destroza el arte, la estética, la finura, la delicadeza, la esencia del toreo, ya lo decía en su charlas taurinas Luis Carlos José Felipe de la Cruz Fernández y López Valdemoro, mejor conocido en er bajo mundo de la tauromaquia, simplemente como… Pepe Alameda: Un paso adelante y muere el hombre, un paso atrás y muere el arte. En fin, El Pirata del Toreo, El Filubustero, El Corsario o como usted lo quiera llamar, volvió a cautivar a la democracia, siendo el triunfador de la tarde, saliendo otra vez a hombros y por la puerta grande.

Arturo Macías, corrió con mejor suerte, al tocarle lo menos malo del encierro de San José, «Brinca Cercas» y «Aniversario, reses que se fueron al destazadero con las orejas, escuchado El Cejas, primero, un cornetazo y después división de opiniones. Vimos al hidrocálido sin sitio y sin ganas de triunfar. ¿»Afiguraciones» nuestras?, puede ser.

Lo que sí vimos fue un torero en la arena FERMIN RIVERA, y demostró que es torero bueno; con «Patero» y «Nacional», no obstante que los tíos no se prestaron para nada, no obstante haber torero, por lo que el potosino regaló, a «Charro», al que después de una faena vertical, de verdad, sin retruécano alguno, logró cortar una oreja, amén del reconocimiento de los verdaderos aficionados que todavía van a la sesentona plaza, cuya vida, a los 67 años, va declinando hacia el ocaso de su vida triste, de no componerse las cosas en cuanto a la bravura. ¿Poeta?, ¡no! loco. Vale.

 

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