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TERREMOTO MAGISTERIAL

Por Cuauhtémoc Monreal
Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco. Eurípides, poeta griego.
Retrocedamos mentalmente en er tiempo: Martes 26  de febrero del 2013, el día, como cualquier otro, se agotaba, por nuestra parte, disfrutábamos a plenitud de la vida, realizando las tareas cotidianas; terminamos de leer La Historia de las Doctrinas Filosóficas, despejando la mente en estos momentos, disfrutando de una deliciosa soldad, pues la señora manchega, se había ido con sus amigotas; de pronto nos dieron ganas (no del uno, ni del dos), simplemente de ir al cine, pues no acordamos que exhibían las obra cumbre de Víctor Hugo, Los Miserables, siendo el film, musical, lo cual nos cautivó, aunque a mucha gente no le gusta este tipo de películas, sobre todo si no conocen la obra y abandonan la sala, un tanto molestos. Cada quien.
Con miserables 200 pesos 200, emprendimos, solos, er viaje rumbo al «muvis», llegamos a la taquilla y compramos nuestro boleto para los de la séptima edad y «pa’dentro»; la película inició con un grupo de presidiarios franceses que cantaban su desgracia, en medio de una fuerte tormenta, de pronto, cuando más emocionaos estábamos «chín», vibró el celulitis, señal inequívoca de que recibíamos un mensaje o una noticia, fue lo último: Hace unos instantes, detuvieron en el aeropuerto de Toluca, Edo. de México, a la profesora Elba Esther Gordillo Morales, la quijada, cual prognata, se nos fue hacia adelante, nos quedamos atónitos, sorprendidos, anonadados, solo la música y las voces de los actores, nos hicieron volver a la realidad, perdida por fracciones de segundo.
Para pronto localizamos a la señora que manda en la casa y le comunicamos la infausta y escueta noticia, para que, llegando a casa, encendiera la «tivi» y se enterara del infortunio de esta mujer, mientras nosotros hacíamos lo propio de regresar al hogar; mientras tanto, seguimos disfrutando de Los Miserables, hasta que apareció el The End, saliendo de la sala, como Pedro «El Indio», para enterarnos en debida forma, de lo ocurrido a la mujer más poderosa de este país llamado México que, en pleno siglo XXI, también tiene sus miserables, a quienes nadie les hace caso, pero como eso es harina de otro costal, enfoquemos estos renglones solamente a la detención de la profesora, quien el humor popular, ya dice que en el reclusorio, Elba, organizará er sindicato de los SENTE…nciados. ¡Ah raza!.
El compa Eurípiddes, fue visionario aparte de poeta y lo sucedido a esta «guerrera», nos hace recordar la filosófica sabiduría popular: Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar, te lo digo Carlos Romero Deschamp, para que lo entiendas Francisco Hernández Juárez y demás caterva de líderes protervos, auténticos señores de horca y cuchillo en los gremios sindicales, de los cuales se apoderan, desde el siglo pasado, con la complasencia de los gobernantes en turno, destruyéndolos, cuando estos parásitos, ya no le sirven al Estado; lamentablemente los trabajadores, no aprenden y como entes del reino animal, se siguen tropezando con la misma piedra y por lo pronto, los profesores ya tienen su nuevo dirigente sindical, un tal Juan Díaz de la Torre, elegido por unos cuantos achichincles, con el visto bueno del régimen en turno, tipo que, en poco tiempo, también se adueñará del sindicato de los trabajadores de la educación y se volverá, como sus antecesores, en señor de horca y cuchillo, como ya lo señalamos, líneas arriba.
Qué tumbo a doña Elba, ¿E P N?, para no citar nombres… no amables lectores (as), nada de  eso, la tumbó lo que los griegos llamaron la «hubris», es decir: de Esther, su codicia, su orgullo, el exceso de confianza en sí misma, que la llevó a la soberbia -el magisterio soy yo- y si a eso le agregamos la perversidad del Estado, pues allí se cierra el ciclo, la profesora ya no le era útil, ni al profesorado, ¿seguirá Carlos Romero Deschamp?, «Qui lo sa», por lo pronto, vaya…
TERREMOTO MAGISTERIAL.

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