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EN LAS NUBES 

 

 

 

25 de junio de 2020

EN LAS NUBES

Charla con un diplomático

Carlos Ravelo Galindo, afirma:

Con un saludo afectuoso al amigo y ex vecino Marcelo Ebrard Casaubón, hoy canciller de hierro.

Algunas de las características de la profesión diplomática son la seriedad y la formalidad para su desempeño y están regidas tanto por leyes internas (las de su propio país), como por el Derecho Internacional, en cuyo marco se han plasmado varias convenciones internacionales.

Viene al caso mencionar que, dos de los principales convenios que reglamentan la actuación de los “agentes diplomáticos” y de los “funcionarios consulares” son: la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, de 1961.

Así como la Convención de Viena sobre Relacione Consulares, de 1963.

Dichas normas internacionales representan guías de actuación tanto para los funcionarios, como para los gobiernos.

Dejemos al señor diplomático, embajador en retiro, don Antonio Pérez Manzano, siga en su placentera e ilustrativa charla:

En alguna otra ocasión me he permitido mencionar algunas de las cualidades, que debe poseer un buen profesional del servicio exterior.

Conducirse con la verdad.

Contar con la capacidad de expresión oral y escrita.

De manera especial es menester practicar virtudes como la honradez, honestidad, lealtad e integridad.

Modestia, humildad, prudencia y paciencia, complementan los

requisitos que debe poseer un representante diplomático o consular.

Que el representante diplomático o consular sea de buen carácter, poseedor de un buen sentido del humor y de una personalidad adecuada a sus funciones.

Las extravagancias, las poses de superioridad, el mal gusto en el vestir, la vanidad, son condiciones que todo funcionario debe desterrar de su vida, tanto profesional, como familiar.

Desde los tiempos antiguos se han requerido de los embajadores y demás representantes, diversas cualidades.

Por ejemplo, para algunas naciones dichos funcionarios deberían poseer dotes de orador, ser hábiles en los negocios y grandes conocedores de los asuntos de la guerra.

Pero un chiste de vez en cuando, no le quita valor ni solemnidad a su trabajo.

Y nos pone un ejemplo:

El hecho transcurre en una monarquía europea, donde la reina extiende una invitación a los representantes de los países con los que mantiene relaciones diplomáticas, para un brindis con motivo del año nuevo.

En determinado momento, el jefe de ceremonial de la casa real propicia el acercamiento de Su Majestad la Reina, con un grupo de embajadores.

Cuando se iniciaban las conversaciones, Su Majestad hace un gesto de dolor y a continuación se le escapa un “gas, viento o efluvio” lo cual provoca miradas entre los representantes que rodean a la monarca.

De inmediato, un embajador de otra corte europea intenta desviar la atención de sus colegas y dice: “Ruego a vuestras excelencias disculpar este accidente gástrico, seguramente provocado por algo que ingerí la noche anterior.”

La reunión continúa de manera normal, con “champagne” y

bocadillos, cuando inesperadamente se escucha un nuevo estruendo, el cual a manera de cómplices los que rodean a la reina tratan de disimular. Tosen o carraspean, como si tuvieran algo en la garganta.   En esta ocasión un embajador del lejano oriente se adelanta a

ofrecer las disculpas personales por el nuevo incidente:

“Majestad, colegas, ahora soy yo quien solicita la venia de su amplio criterio para saber disculparme por este acto involuntario. Os aseguro que no volverá a suceder.”

Para entonces el representante mexicano ya se sentía incómodo, además de relegado, pues se dio cuenta que sus colegas se le habían adelantado.

Con afán de cubrir a la real anfitriona. En un arranque de bondad

desbordada decide tomar la palabra, para discretamente dirigirse a los otros embajadores:

“Por favor colegas, la próxima que se lance la reina, me la apuntan a mi cuenta.”

Las virtudes de las que se habla al principio del presente

artículo, tienen su lado opuesto, como son la vanidad y la adulación; así como la jactancia, la indiscreción, la ironía, el egocentrismo, la falsía, la pereza espiritual, la arrogancia, la falta de tacto y la maldad.

Todos ellos deberían ser desterrados de la forma de actuar de los representantes diplomáticos o consulares y de las personas en general. Pero un chiste de vez en cuando, no le quita valor ni solemnidad a su trabajo.

Y aún hay mas datos sobre la diplomacia. Y anécdotas. Que no chistes.

craveloygalindo@gmail.com

 

 

 

 

 

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