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BRONCA PONCINA

Por Manolo de la Laguna
Se llegó el día y la hora, con un entradón en la monumental plaza de toros México, al inaugurarse el domingo 28 de octubre, la temporada grande otoño-invierno-2012-13, donde se corrieron 7 toros 7, de Xajay, destacando el corrido en tercer lugar de lidia ordinaria, el resto, flojos, sin fuerza y manseando, por lo que los diestros, ante tales bureles, se fueron con la espuerta vacía, en tanto que Enrique Ponce, no tiene compostura y volvió a armar la escandalera, pero en su contra, con el toro que regaló (séptimo), el cual fue protestado por la afición capitalina, desde su salida, porque si bien tenía leña, le faltó trapío, razón por la cual se encabritó el tendido, que poco a poco fue desalojado por la democracia.
Ponce debe cambiar de actitud como «figura» del toreo, ya estuvo suave de venirle a dar atole con er dedo a la afición mexicana toda, pues donde quiera que torea er gachupa, arma la gran escandalera por el ganado que le sale por toriles y esta tarde inaugural, no fue la excepción, ojalá que er de Chiva, recapacite y cambie su mala imagen que él mismo ha creado, ante la afición azteca, porque ya nadie le cree lo de sus toritos que son artistas, pues es hora de que en México, Enrique, toree toros bravos, bien armados, en puntas y con el trapío que debe tener un toro de cuatro o cinco años, tal como lo hace en España, donde no se le cumplen todos sus caprichos de señorito berrinchudo.
El animal que abrió plaza fue «Artista», no lo fue, Ponce, vestido de grana y oro, sí. Jugando muy bien los brasos, le instrumentó al manso, tres buenas verónicas, regiamente rematadas con la media lapa, después, el levantino dejó ver su clase, su estética, su sello artístico, su figura mayestática, tratando de agradar, ante un toro sin transmisión, demostrando a la vez, el primer espada, disposición, paciencia y empeño; como mata mal, solo escuchó aplausos, que no pudo refrendar con «Siemprealegre», que debió llamarse siempremanso, con el cual el hispano escuchó un aviso, regalando el séptimo «Tapabocas», que no se la tapó a nadie y sí en cambió originó la bronca poncina, pues si bien tenía puñales, le faltaba trapío, cayendo de inmediato los cojines a la arena, ante el berrinche del toreador, quien escuchó otros dos avisos, por lo que es difícil que volvamos a ver a Ponce en esta temporá.
Fermín Spínola, de turquesa y oro  esperó a «Tipaso», que no llegó ni a galancete de barriada, pegándole al espada, una fuerte paliza a la hora de matar recibiendo, escuchando dos avisos; luego salio «Don Juan», que fue mucho nombre para el bicho, con el cual Fermín, tampoco pudo hacer nada; antes, como torero completo, Spínola, adornó toreramente, con los palitroques, el morillo del morlaco y aunque mata pronto, solamente escucha el ruido del silencio. Pero la gente quería ver a Diego Silveti, quien se enfundó en un terno color sangre de toro y oro, para esperar al tercero de la tarde «Bonachón» y vaya que lo fue, con el capote, el tercer espada le pegó cuatro verónicas que arrancaron cuatro oles, para luego hacer una buena faena muleteril, demostrando Diego, oficio, confianza en sí mismo, madurez y un estilo muy propio que mucho le ayudará y aunque se va con decisión, tras el acero, no lofra dejarlo en buen sitio, escuchando un aviso y dando una vuelta al ruedo.
El que cerró plaza en lidia ordinaria fue «Visionario», al que Silvetí, le instrumento siete delantales armoniosos y un quiete por saltilleras con más  ganas que arte, saludando en el tercio por dos buenos pares de banderillas, el subalterno Cristian Sánchez; con la muleta David, estuvo voluntarioso, ante un toro que fue de más a menos, escuchando otro aviso y saludando desde el tercio. Vale.

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